miércoles, 13 de abril de 2016

EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY COMPLETA EL TALLER DE LECTURA DEL MES DE MARZO



Novela adelantada a su época, publicada en 1928 por el editor italiano Orioli en Florencia. Fue prohibida en Gran Bretaña hasta 1959 y en Estados Unidos hasta 1960. La obra es calificada de escandalosa e inmoral ( "por tener un texto ofensivo al público a quién la censura tenía que proteger de tanta vulgaridad") no solamente por las descripciones tan explícitas de las relaciones sexuales de los protagonistas, sino por ser estas relaciones entre personas de diferente clase social. 

Como anécdota contaré que cuando la editora Peguin publica la obra en Gran Bretaña, se agota en muy pocas semanas y la editora es llevada a juicio en función a la Ley sobre publicaciones obscenas. Peguin acabó absuelta argumentando que los libros con valor literario no podían ser inmorales.

En España durante el franquismo, la obra de D.H. Lawrence (1885-1930) también circuló clandestinamente, con ediciones  latinoamericanas con una traducción deficiente. No tendremos una edición digna del amante de Lady Chatterly hasta 1980 publicada por ediciones Turner y Bruguera , traducida por Bernardo Fernández y Alianza Editorial con la traducción de Francisco Torres Oliver, para mi gusto una de las mejores.

En el auge de la 1ª Guerra Mundial, Constance, una chica de la alta sociedad inglesa, con una mente muy abierta y no sujeta a los convencionalismos de la época, contrae matrimonio con sir Clifford Chatterly, teniente del ejercito británico. A los pocos meses de matrimonio Clifford es enviado al frente de donde regresa tetraplégico e impotente. La vida de los Chatterley transcurre en la finca de este matrimonio en Wragby Hall, en plena región minera de Inglaterra.

Con un invierno duro al que Constance le cuesta soportar, la vida de la pareja transcurre en un monótono transcurrir de los días,  y la impotencia de Clifford empieza a pasar factura a Connie, dedicada íntegramente al cuidado de su marido y a las publicaciones literarias de éste, hasta caer en un hastío y depresión que es subsanado por Hilda (hermana de Connie) quien propone a Clifford la contratación de una enfermera (la señora Bolton) para sus cuidados y así liberar a su hermana de esa pesada carga. Así lo expresa Lawrence en la novela:

"Connie se daba cuenta de su creciente desasosiego. Debido a su falta de conexión, el desasociego se estaba apoderando de ella como la locura. Se sacudía sus miembros, cuando ella no quería sacudirlos. Se le tensaba el espinazo, cuando ella no quería enderezarse, sino descansar plácidamente...El corazón le latía con violencia sin motivo ninguno y estaba cada vez más delgada.

Era simple desasosiego. Cruzaba el parque precipitadamente, dejaba a Clifford, y se tumbaba bajos los helechos. Huir de casa...debía huir de casa y de todos. El bosque era su único refugio su santuario"


Liberada de esta pesada carga, y con la llegada de la primavera los paseos de Connie por el bosque van ser frecuentes y también la amistad que entabla con el nuevo guardabosques  (Oliver Mellors), contratado por su marido con el que pretende salvaguardar este paraje natural, propiedad de los Chatterley , de los cazadores furtivos.

La atracción entre ambos no se hace esperar y comienza aquí la liberación sexual de Connie, una mujer valiente que rompe ataduras para conseguir la PLENITUD.


Hay momentos en que la naturalidad de las confidencias entre los amantes sin retoques literarios, sorprende,convirtiendo al guardabosques no solamente en el maestro de la vida sexual de Connie, sino en un hombre lleno de ternura y humanidad.


Más allá de erotismo de la obra, Lawrence pone en boca de sus personajes interesantes diálogos para abordar los problemas de la industrialización, los derechos de los mineros, las huelgas de los trabajadores.. desde diferentes puntos de vista, como podemos ver en este diálogo entre Connie y Clifford:



No -dijo él- no habrá más huelgas si se llevan las cosas adecuadamente.

¿Por qué?

Porque las huelgas se harán imposibles.

Pero ¿os dejarán los mineros? - preguntó ella.

- No se lo vamos a preguntar, lo haremos sin que se enteren: salvaremos la industria por el bien de ellos - por el vuestro tambien, -dijo ella-

-¡ Naturalmente! por el bien de todos. Pero el de ellos más que por el mío.

Yo puedo vivir sin necesidad de las minas. Ellos no. Como no haya pozos, se morirán de hambre. Yo tengo otras fuentes.

Conteplaron la mina del pequeño valle y más allá las casas de negra techumbre de Tevershall....

Pero ¿dejarán los hombres que le pongáis condiciones?- dijo ella.

Querida, no tendrán más remedio; si uno lo hace con suavidad.

-Pero, ¿no podría haber un mutuo entendimiento?

Por supuesto: cuando se den cuenta que la industria está por encima del individuo.

-¿Es preciso que seas tú el dueño de la industria? -dijo ella.

-Yo no. Pero en la medida en que lo soy, sí, decididamente.

La posesión de bienes se ha convertido hoy en día en una cuestión religiosa: como lo ha sido desde Jesús y San Francisco. 
La solución no está en coger todo lo que tienes y repartirlo entre los pobres, sino en emplear cuanto tienes en estimular la industria y dar trabajo a los pobres. Es el único medio de alimentar todas las bocas y vestir todos los cuerpos.


El guardabosque por otro lado critica el desarrollo industrial, y lo hace porque considera que se desvía del bienestar individual y  hace a los hombres esclavos del dinero, en un mundo falto de valores.


¡Ojalá pudiera decirles que vivir y gastar no significa lo mismo! Pero es inútil. Si se les enseñase a vivir, en vez de enseñarles a ganar y a gastar, podrían arreglárselas muy bien con veinticinco chelines. Si los hombres vistieran pantalón rojo, como digo yo, no pensarían en el dinero; si pudieran bailar y saltar y brincar y saltar y presumir de ser hermosos, se conformarían con poco dinero. Y las mujeres se divertirían, y les divertirían a ellos.

Deberían de aprender a ir desnudos y hermosos, a cantar todos juntos y a bailar, a bailar, las antiguas danzas en grupo, y a tallar los asientos donde se sientan, y a bordar sus propios emblemas.

Entonces no habría necesidad de dinero. Y ese es el único medio de resolver el problema industrial: educar a la gente para que pueda vivir en la hermosura sin necesidad de gastar.


Lady Chatterley es el paradigma de la mujer que se libera de la imagen que la sociedad le impone, en un mundo donde la mujer no es libre de elegir, como Madame Bovary y Anna Karenina. 

Aunque la novela no es una de las mejores obras de D.H. Lawrence, no tenemos que olvidar la época en que está escrita, y en la que reivindicar el placer sexual de la mujer públicamente y luchar contra la insatisfacción impuesta por la sociedad conservadora posvictoriana fue todo una novedad. Otras novelas publicadas a lo largo de la historia también han sufrido  censurada, entre otras muchas podemos destacar:

  • Lolita /Vladimir Nabokov
  • Madame Bovary/ Gustave Flaubert
  • Ana Karenina/ Leon Tolstoi
  • Fanny Hill / Jonh Cleland
  • Trópico de cáncer / Henry Miller
  • Memoria de mis putas tristes / Gabriel García Márquez



No podría terminar esta entrada del blog sin mencionar la brillante adaptación cinematográfica que se ha hecho del Amante de Lady Chatterley (bajo el mismo nombre) en el año 2006, dirigida por Pascale Ferran que le valió en la 32ª edición de los Premios César al cine francés, el galardón al mejor guión adaptado, mejor vestuario, mejor fotografía y mejor actriz a Marina Hands.

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