lunes, 11 de mayo de 2026

X RUTA LITERRIA: MOGUER-RIOTINTO Y NIEBLA

 



Los días 1 y 2 de mayo el Club de lectura de Baena celebramos nuestra X Ruta Literaria, una experiencia que nos llevó a recorrer tres enclaves de la provincia de Huelva profundamente ligados a la literatura, la historia y el paisaje: Moguer, Riotinto y Niebla. Partimos de dos obras que han guiado esta aventura, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, y El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins, y a lo largo del camino fuimos descubriendo cómo la literatura puede convertirse en una forma de viajar al territorio que conforma el escenario de un libro. 

Fueron dos jornadas intensas, llenas de aprendizaje, emociones compartidas y vivencias que, sin duda, quedarán en el recuerdo de quienes participamos. Para quienes no pudieron acompañarnos, este artículo quiere ser una ventana a lo que vimos, escuchamos y sentimos durante la ruta.

El día 1 de mayo, después de más de cuatro horas de camino llegamos al Muelle de las Carabelas, en La Rábida. La primera sorpresa nos la llevamos nada más bajar del autobús: nos recibía la figura de Washington Irving, cuya presencia en este lugar recuerda su fascinación por los lugares colombinos y su vínculo con la historia de Huelva.




A través de una inscripción informativa pudimos conocer cómo de aquel viaje nacieron dos libros, uno de ellos la primera biografía de Colón y otro sobre su estancia en Palos de la Frontera. El paso de Irving por estos lugares fue decisivo para consolidar la importancia de Huelva como escenario fundamental en el encuentro entre Europa y América.

Una vez dentro del recinto, en el centro de interpretación, una proyección audiovisual nos explicaba cómo se gestó un viaje que cambiaría la historia del mundo: el descubrimiento de América.



Acompañados por el personal de la Diputación Provincial de Huelva, encargado de la gestión del espacio, pudimos visitar las reproducción de las tres embarcaciones que partieron en 1492: La Niña La Pinta y La Santa María. Estas naves fueron construidas en 1992 con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América y hoy permanecen atracadas en una dársena del río Tinto.




Especialmente impactante resultó ver La Santa María, el más grande de los tres barcos, del que se estima que medía unos 20 metros de eslora por 7 de manga y en el que viajaban unos 25 tripulantes. Supimos también que naufragó en Santo Domingo poco después de llegar y que sus restos fueron reutilizados para construir el Fuerte Navidad, considerado el primer asentamiento español en América.




El interior del barco, con el camarote de Cristóbal Colón, puso el broche final a una visita que nos transportó directamente al corazón de uno de los momentos más decisivos de la historia universal.



Tras la visita al Muelle, nos dirigimos a Moguer, donde el restaurante Zenobia nos acogió para reponer fuerzas. Fue un momento especial también para compartir la emoción del viaje en un ambiente distendido, incluso con la pequeña pausa de una foto en el salón donde se encontraba la imagen de Juan Ramón Jiménez, casi como una presencia simbólica que nos recordaba que estábamos en tierra del escritor que ha dado sentido a esta ruta.



Más tarde, en la plaza del Ayuntamiento, nos esperaba nuestra guía Verónica Garrido, una moguereña, que nos acompañó con cercanía y entusiasmo en un recorrido por la vida de Juan Ramón en su pueblo y por la huella que su obra ha dejado en él. Su explicación nos ayudó a entender mejor la relación íntima entre el autor y Moguer, una relación que se percibe en cada rincón. Innumerables azulejos coronan las calles con citas del libro Platero y yo así como sus esculturas. En una de ellas nuestra compañera del club de lectura Paquita Moyano nos leía uno de los pasajes de la mencionada obra literaria


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...



Nuestra impresión fue clara: Moguer funciona como un auténtico museo al aire libre. La localidad ofrece una exposición permanente de esculturas inspiradas en Platero y yo, que convierte el paseo por sus calles toda una experiencia literaria.



La iglesia de Santa María de la Granada, el exterior del castillo y el convento de Santa Clara completaron un recorrido lleno de belleza, historia y poesía. En Moguer sentimos de forma muy viva cómo un libro puede transformar la identidad de un pueblo y convertirlo en lugar que merece la pena visitar..

El 2 de mayo partimos hacia Riotinto, uno de los lugares más impresionantes de toda la ruta. Allí la literatura y la historia se dieron la mano a través del libro El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins, una obra que nos ayudó a mirar con otros ojos el paisaje minero y a comprender la dureza de la vida en torno a las minas.

A las diez de la mañana nos encontrábamos visitando el Museo Ernest Lluch, centro de interpretación del Parque Minero y antiguo hospital de la Riotinto Company Limited. Hoy en día está gestionado por la Fundación Río Tinto para el Estudio de la Minería y de la Metalurgia, una institución cultural privada, sin ánimo de lucro y de carácter permanente. El museo lleva el nombre de Ernest Lluch, primer presidente de la fundación entre 1988 y 1991; tras su asesinato, por la banda terrorista ETA en 2001, se decidió rendirle homenaje poniendo su nombre al museo y a la plaza donde se ubica.

La visita comenzó con una aproximación a la larga historia minera de Riotinto. Supimos que estas minas han sido explotadas desde el Calcolítico, hace unos 5.000 años, y que a lo largo del tiempo pasaron por manos tartésicas, fenicias, romanas.


La decadencia llegó con la Edad Media. Azufre y cobre (calcopirita) son los minerales más abundantes. Felipe II no consiguió reabrir la explotación. A finales del siglo XVIII ya son propiedad estatal, y en 1873, fueron compradas, al Estado español , por un consorcio británico que fundó la Rio Tinto Company Limited por algo más de 92 millones de las antiguas pesetas, cantidad ésta que vendría a sufragar la lamentable situación económica de la Primera República. Esta compra hizo resurgir Riotinto, abriendo cortas de explotación (a cielo abierto) y desarrollando la minería interior, durante 81 años esto supuso una transformación decisiva del territorio. También conocimos aspectos muy duros de esa historia, como el trabajo infantil y femenino, las condiciones laborales y la dimensión social del desarrollo minero.

Uno de los momentos más intensos fue la explicación del “Año de los Tiros” de 1888, un episodio que marcó profundamente la memoria de Riotinto. Las conocidas calcinaciones al aire libre, las llamadas teleras, provocaban graves consecuencias ambientales y sanitarias, la denominada manta. La protesta social y la represión posterior derivaron en una tragedia que la ruta literaria nos ayudó a comprender con mayor sensibilidad gracias a las páginas de El corazón de la tierra. El material del museo recoge cómo, tras la matanza, se prohibieron las calcinaciones al aire libre, aunque el número real de víctimas quedó oculto durante años, generando un clima de miedo y silencio en toda la zona.
En el subsuelo del museo pudimos adentrarnos en la simulación de una mina romana, una experiencia que nos recordó inevitablemente otras lecturas del club vinculadas al mundo minero, como Germinal del autor Emile Zola.

La exposición permanente, además, nos permitió recorrer distintos aspectos de la comarca: su geología, su evolución histórica y su patrimonio industrial, incluyendo piezas tan singulares como el conocido “Vagón del Maharajá”, considerado uno de los vagones más lujosos del mundo y traído a Riotinto para una visita de Alfonso XII.





La visita al museo también nos ayudó a comprender mejor la importancia del ferrocarril en la historia de Riotinto. En la época en que llegaron los ingleses, la comarca carecía de buenas comunicaciones; no había carreteras ni ferrocarril, solo caminos vecinales. Esa situación cambió con la inauguración del trazado ferroviario entre Riotinto y Huelva, en 1875.

Tras la visita al museo, nuestro autobús nos trasladaba a la estación minera para realizar un trayecto de 90 minutos viajando en antiguos vagones restaurados, recorriendo 22 kilómetros, de ida y vuelta, siguiendo la trayectoria del río.



Fue una experiencia muy especial, no solo por el valor patrimonial del tren, sino también por la posibilidad de observar el entorno minero desde dentro, con paradas estratégicas para conocer el ecosistema de la zona.



Pudimos ver y hasta tocar las aguas del río Tinto, un río que parece de otro planeta.




 A lo largo de la historia ha recibido distintos nombres, como Luxia, Iberus y Urium, y su color característico se debe a la descomposición natural de minerales con sulfuros de metales pesados. En este entorno los microorganismos  son capaces de oxidar y metabolizar esos componentes, lo que convierte al río en un lugar de gran interés científico. La propia NASA ha estudiado en varias ocasiones esta cuenca minera por su similitud con otros planetas, especialmente Marte, ante la posibilidad de encontrar rastros de vida en ambientes parecidos. 

 


Para terminar nuestra intensa jornada en Riotinto  visitamos el Cerro Colorado, un mirador que no dejó indiferente a nadie. 



La panorámica del paisaje minero, tan imponente como sobrecogedora, nos hizo comprender hasta qué punto este territorio ha sido modelado por la actividad humana y por siglos de explotación del subsuelo. En la actualidad, el Cerro Colorado se encuentra en proceso de reactivación minera y, según la información recogida en la visita, la actividad volvió a retomarse en 2015 tras la recuperación del precio del cobre por Atalaya Mining, empresa con capital de Australia, Canadá y Chipre. En la actualidad hay 2000 trabajadores activos.


Nos despedimos de Riotinto recordando también su importancia en la historia del fútbol en nuestro país. Fue en esta zona donde, en 1878, la Rio Tinto Company Limited creó el “Club Inglés”, del que nació el Rio Tinto Foot-Ball Club. Años después, en Huelva, surgiría el Huelva Recreation Club, fundado en 1889 por el doctor británico W. Alexander Mackay, el actual Recreativo de Huelva.

La jornada continuó por la tarde con la visita al pueblo onubense de  Niebla, una localidad que nos recibió con la fuerza de su imponente muralla medieval. 


Dos kilómetros de muralla de origen Almohade, es la fortaleza de tapial más grande de España defendida por más de 50 torres.

En la Puerta del Socorro, uno de los accesos en recodo al recinto amurallado  nos esperaba nuestra guía Inés Fernández quien regenta la empresa Turismo Niebla y su restaurante La Casa Encantada. Con ella fuimos recorriendo todo el entramado medieval del pueblo. En la puerta del Embarcadero, también llamada del Buey seguimos escuchando atentamente la historia del lugar.


Y es que Niebla lejos de ser un pueblo secundario, antiguamente Labla islámica, ostentó el rango de capital de una Cora andalusí y llegó a convertirse en el año 1023 en la capital de su propio Reino Taifa independiente. 

Pero quizás uno de los hechos más curiosos es  cuando Alfonso X el Sabio, asedia la ciudad en 1262, resistiendo la invasión por un periodo de nueve meses. Las crónicas de la época documentan aquí el primer uso militar de la pólvora en Occidente. Los defensores musulmanes lanzaban proyectiles incendiarios  desde las almenas para aterrar a las tropas cristianas. Tras la capitulación de la ciudad por hambre, la historia de Niebla da un giro en 1369 fundándose el Condado de Niebla bajo el control de la poderosa Casa de Medina Sidonia.

Fascinado el grupo por la historia de este pueblo, seguimos nuestro recorrido hacia la Iglesia de Santa María de la Granada.



un edificio gótico-mudéjar que se levanta sobre lo que antes fue una mezquita que a su vez se construyó sobre una catedral visigoda y un templo romano. De su etapa árabe aún conserva el patio de abluciones y el alminar.


También el interior del templo es una auténtica joya arquitectónica donde se aprecia la fusión de culturas.



En el presbiterio encontramos la silla episcopal visigoda, un sobrio sillón tallado en piedra que data de la época en la que Niebla se llamaba Elepla, sentarse allí era un privilegio exclusivo de los antiguos obispos a partir del siglo V.


Este trono es el testimonio que demuestra que estábamos pisando lo que fue la primera catedral de la capital de Huelva.

Y para acabar esta intensa jornada exploramos el Castillo de los Guzmanes, levantado en el siglo XV sobre el antiguo alcázar árabe.



Recorrer su patio de armas y asomarnos a sus almenas nos transportó de inmediato a la nobleza de la Baja Edad Media. 


Y con el castillo de los Guzmanes decimos adiós a esta maravillosa ruta que nos ha llevado a una tierra llena de matices desde el azul del Atlántico, hasta la tierra roja que guarda la memoria del esfuerzo o a un pueblo blanco que se hizo poesía con la obra de su autor.

Para quienes no pudisteis  acompañarnos, esperamos que estas líneas sirvan como una pequeña crónica de lo vivido y como invitación a sumarse a la próxima ruta. 

martes, 5 de mayo de 2026

LA MUY CATASTRÓFICA VISITA AL ZOO LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE ABRIL

 


Este mes en el club hemos leído La muy catastrófica visita al zoo, y creo que a muchos nos ha pasado algo parecido: empezamos la novela pensando que sería una historia ligera, casi anecdótica… y hemos acabado encontrando bastante más de lo que parecía.

Para quien no conozca el libro, la historia está narrada por Joséphine, una niña con una voz muy particular que le cuenta a sus padres todo lo que ocurrió durante una excursión escolar que terminó en desastre. Pero lo interesante es que ese caos no empieza en el zoo: antes hay toda una cadena de acontecimientos, entre ellos una inundación en su escuela, que ya anticipa que las cosas no van a salir como deberían.

Joséphine forma parte de un pequeño grupo de niños de una escuela “especial”, y junto a otros compañeros comienza  una  investigación infantil para entender qué ha provocado ese desastre. A partir de ahí, la historia va creciendo entre malentendidos, decisiones improvisadas y situaciones cada vez más desbordadas, hasta desembocar en el famoso desastre del zoo.

Contado así, podría parecer simplemente una aventura infantil, pero creo que ahí está precisamente la gracia del libro. A través de esa mirada ingenua —y a la vez muy lúcida— de los niños, la novela introduce temas bastante más profundos: la diferencia, la igualdad, la amistad y, sobre todo, la forma en que los niños ven el mundo de los adultos.

 El zoo funciona como una especie de espejo. En teoría estamos observando animales en un entorno controlado, pero poco a poco da la sensación de que los observados somos nosotros. Los comportamientos que aparecen —egoísmo, hipocresía, decisiones impulsivas— no son tan distintos de los que vemos fuera del libro, y eso hace que la historia, aunque absurda por momentos sea reconocible.

También nos ha parecido interesante cómo se retrata el papel de los adultos y de las instituciones. El sistema educativo, la dirección del centro o incluso la intervención de la policía aparecen en algunos momentos como estructuras más preocupadas por el control, la imagen o las normas que por comprender realmente lo que está pasando. Y ahí es donde la novela introduce una crítica que, aunque está envuelta en humor, resulta bastante clara.

 Es una novela corta, ágil y muy fácil de leer, con capítulos breves y un estilo directo que engancha desde el principio. Además, se aleja bastante del tipo de historias más complejas o de suspense que solemos asociar a Dicker, lo que puede sorprender —para bien o para mal— según lo que cada lector espere.

Eso sí, creo que esa misma ligereza tiene también su lado menos fuerte. En algunos momentos me ha dado la sensación de que los personajes no terminan de desarrollarse del todo, como si funcionaran más como vehículos de ideas que como personajes completamente construidos.

Uno de los temas que más debate ha  generado es el de la democracia, entendida como la toma de decisiones en grupo. A lo largo de la historia vemos cómo participar no siempre implica comprender, y cómo decidir entre todos no garantiza que se llegue a la mejor solución. Más que criticar el sistema en sí, a mí me ha parecido que la novela pone el foco en cómo nos comportamos dentro de él.

Sobre el humor, por un lado, creo que ayuda mucho a que la crítica no resulte pesada. Pero por otro, entiendo que haya quien sienta que ese tono ligero le quita profundidad a temas que podrían haberse desarrollado más.

Como conclusión la novela habla del caos que hay debajo de cosas que damos por normales: la convivencia, la educación, las normas sociales, incluso las decisiones colectivas. Todo parece estable… hasta que deja de serlo.

En conjunto, nos  ha parecido una novela divertida e  interesante para leer. Creo que gana más cuando la lees buscando lo que sugiere que por lo que cuenta literalmente.


Joel Dicker


" Una catástrofe nunca sucede de buenas a primeras: es el desenlace de una serie de sacudidas pequeñas que casi no se notan pero que, poco a poco, se convierten en un terremoto "

La muy catastrófica visita al zoo