El pasado 8 de abril, nuestro club de lectura se reunió para comentar La sombra de los sueños, de Gonzalo Giner, una novela que ha despertado un entusiasmo notable entre los lectores. La valoración general fue muy positiva: a la mayoría le ha gustado especialmente la manera en que el autor consigue entrelazar con soltura la acción, el suspense, la aventura y la ficción histórica, construyendo una narración ágil, absorbente y, al mismo tiempo, rica en matices.
Antes de adentrarnos en la trama, dedicamos parte del encuentro a hablar de su autor, Gonzalo Giner , veterinario de profesión y escritor por vocación, unido desde
siempre al mundo animal y, de manera muy especial, al de los caballos. Él mismo
ha contado en alguna entrevista que las innumerables horas pasadas en aviones y
hoteles le permitieron cultivar una de sus grandes aficiones desde la infancia:
la lectura, tanto de novelas como de libros de historia. Quizá de ahí nazca
también su impulso literario, que compagina con su trabajo como veterinario. Durante la sesión compartimos una reflexión del propio autor sobre los caballos, que dice así: “El caballo es el animal más completo de la
creación; sus proporciones, actitud, estética y tamaño lo convierten en el más
hermoso, bajo mi forma de ver. Además, ha sido el animal más versátil. Nos ha
transportado, ha sido arma de guerra, trabajó el campo, sirvió de moneda de
cambio por parte de la nobleza a los reyes, cuando los segundos no tenían
ejército, nos los hemos comido y ahora es terapeuta, deportista o protagonista
de los aires más bellos sobre una pista de arena, a veces bailando”
A partir de ahí, el club se adentró en la base histórica de
la novela, centrada en la figura de Saladino, un personaje decisivo y, sin
embargo, poco transitado en muchos manuales de historia. Gonzalo Giner lo
rescata para llevarnos hasta la Tercera Cruzada, en un contexto de
enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en Tierra Santa que se
prolongaron durante siglos. Durante unos doscientos años, desde la conquista de
Jerusalén en 1099 hasta aproximadamente 1300, se produjeron ocho cruzadas, de
las cuales tres fueron ganadas por los cristianos, cuatro por los musulmanes y
una quedó en tablas, tal como recuerda el propio autor. También reflexionamos
sobre el hecho de que sabemos relativamente poco de aquellas cruzadas, en buena
medida porque han sido narradas, tradicionalmente, por autores occidentales que
contaban la historia desde el lado vencedor.
En ese marco histórico aparece Saladino, el gran sultán de
las cruzadas, nacido en 1138 y fallecido en 1193. Procedente de una familia de
gobernadores que se trasladó a Siria, su vida le llevó por distintos
territorios y escenarios políticos de enorme complejidad. Giner lo presenta no
solo como un líder militar, sino como un hombre culto, sensible, amante de los
caballos y de la poesía, con una fuerte inclinación hacia la espiritualidad y
el ascetismo. Su figura alcanzó una enorme resonancia en el mundo occidental
cuando conquistó Jerusalén, ciudad que había permanecido en manos cristianas
durante noventa años. Fue el vencedor de la Tercera Cruzada, la primera en la
que participaron reyes como Ricardo Corazón de León, Felipe de Francia, el rey
de Alemania y Federico Barba Roja. La novela tiene el mérito de mostrarnos a un
Saladino humano, íntimo, más allá del mito, a través de su correspondencia con
Maimónides y con su madre, un recurso que añade profundidad emocional y
complejidad al personaje.
Otro de los aspectos analizados en la reunión fue la
ambientación. La novela nos transporta a algunas de las ciudades más míticas y
también más desconocidas de Oriente, lugares que en otro tiempo vivieron un
esplendor extraordinario. A ello se suma el contraste con el glamour del París
del siglo XXI o con un emirato rico gracias al petróleo. También se valoró la
manera en que la obra refleja los conflictos entre árabes e israelíes, tan
presentes en la actualidad, así como el papel del Mossad y el peso de los
servicios de inteligencia israelí en la trama. La novela, además, nos llevó a
pensar en la lamentable situación del pueblo kurdo, uno de esos grandes temas
históricos y geopolíticos que a menudo quedan relegados y que, sin embargo,
atraviesan silenciosamente el presente.
En cuanto a los personajes, el grupo destacó que están muy
bien delineados, con personalidades fuertes y contrastadas. Aunque la novela
presenta mujeres cultas, independientes e inteligentes, también muestra cómo caen en la tentación del dinero y del lujo, lo
que añade ambigüedad y realismo a sus decisiones. Entre todos ellos, hubo
consenso en señalar a Sara como uno de los personajes más atractivos y
sostenedores del interés narrativo: ladrona de arte nacida en Tel Aviv, hija de
un israelí y de una kurda, su figura reúne inteligencia, audacia y
vulnerabilidad. Junto a ella destacamos a Jalid Bin Ayud, un emir apasionado de
los caballos y soñador infatigable, empeñado en poner en marcha un ambicioso
proyecto destinado a recuperar aquellos que pertenecieron a personajes
históricos. Ambos encarnan, desde perspectivas distintas, esa mezcla de deseo,
ambición y fascinación por el pasado que vertebra la novela.
El arte ocupó también un lugar central en nuestra conversación. Los innumerables robos de Sara sirvieron para comentar tres obras especialmente significativas que aparecen en la novela. La primera es el retrato de Berthe Morisot con un ramo de violetas, cuadro que Sara roba en el Musée d'Orsay al inicio de la historia y que abre simbólicamente el juego de hurtos y búsquedas que atraviesa la trama.
La tercera obra es la célebre Cabeza de Medusa, de Caravaggio, una cabeza cortada que representa el instante congelado del horror o la cara que se nos queda cuando estamos alcanzando el final de la novela.
Para cerrar la sesión, nos detuvimos en los avances científicos. En concreto, hablamos del impulso de la
medicina contemporánea y de las investigaciones sobre las células madre, así
como de los numerosos interrogantes que todavía plantea la biología celular.
Fue una manera muy adecuada de terminar el encuentro, porque la novela de
Gonzalo Giner no solo invita a viajar por la historia y el arte, sino también a
pensar en el conocimiento, en sus límites y en las preguntas que siguen
abiertas.
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| Gonzalo Giner |
El Cairo, Egipto 1181
" El médico y judío cordobés Maimónides exploraba la rodilla derecha del sultán de Egipto Salah ad-Din Yusuf, conocido por los cruzados como Saladino, en una de las estancias privadas del hombre al que todo el orbe musulmán empezaba a llamar la espada de los creyentes "
La sombra de los sueños





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