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lunes, 5 de octubre de 2026

Mortal y rosa: cuando el dolor se convierte en literatura


 

El 23 de septiembre, los componentes del club de lectura nos reunimos en tono a uno de los libros que ha suscitado más sorpresas; Mortal y rosa,  de Francisco Umbral. Hablamos de su autor, de su estilo, de una célebre anécdota televisiva que muchos recordábamos sin saber bien de dónde venía, y —sobre todo— hablamos mucho de nosotros mismos como lectores frente a un libro que no se deja leer fácilmente. Os dejo un resumen de lo que compartimos, no como un resumen académico, sino como el reflejo de una tarde de debate y lectura en voz alta de una de las obras más complejas que hemos leído en este año 2026.

Antes de hablar del libro, hablamos del autor. Y es que Francisco Umbral ni siquiera se llamaba así: nació como Francisco Pérez Martínez, y "Umbral" fue un seudónimo literario que terminó siendo más real que su propio apellido.

Creció en Valladolid, no fue a la escuela hasta los diez años y trabajó de botones en un banco a los catorce. Fue completamente autodidacta, y entró al periodismo casi por la puerta de atrás, en 1958, en El Norte de Castilla, de la mano de Miguel Delibes, quien lo apadrinó.

Con los años se convirtió en uno de los grandes cronistas de la Transición española, columnista en el diario  El País y después en El Mundo. De hecho, en nuestra reunión coincidimos en que, para mucha gente de generaciones anteriores a la nuestra, Umbral es antes periodista que novelista: alguien que convirtió la columna de opinión casi en un género literario propio, más que un simple escritor de libros.

Y, con esa fama, llegó también el personaje: la melena plateada, las gafas de pasta gruesas, la bufanda inseparable, la pose de dandy provocador que mezclaba verdad y ficción sobre sí mismo sin pudor ninguno.

Esa construcción de personaje explica también, en parte, el momento más recordado de toda su carrera: su enfrentamiento en directo con la periodista Mercedes Milá, en el programa Queremos saber de Antena 3. Harto de que la entrevista se desviara hacia otros temas sin hablar apenas del libro que iba a presentar, Umbral soltó la frase que hoy sigue circulando como un clásico de la televisión española: que él había ido allí a hablar de su libro, no de lo que opinara "el personal".

Lo curioso, y esto nos sorprendió a varios en la reunión, es que casi nadie recuerda qué libro era aquel. Según contaba su propia mujer, María España Suárez, la mayoría de la gente ignora el dato. Se trataba de La década roja (1993), unas memorias sobre la etapa de Felipe González en el poder — un libro hoy bastante olvidado, eclipsado por completo por la fama de la frase que generó. Nos pareció un buen símbolo de cómo la memoria colectiva y el prestigio literario real de un autor pueden tomar caminos completamente distintos: el Umbral que todo el mundo recuerda por televisión no es el mismo que escribió Mortal y rosa.

Y es que Mortal y rosa es otra cosa completamente distinta al personaje televisivo. Lo primero que comentamos sobre el libro en sí es que desafía cualquier intento de clasificación: no es novela, ni ensayo, quizás, diario  o los tres géneros   a la vez. Es una obra confesional e íntima, como un diario sin fechas hecho público, que oscila entre la reflexión, la narración de hechos puntuales y un retrato casi surrealista de la realidad cotidiana.

Lo que nadie discutió es la redacción poética del lenguaje. Umbral no narra hechos: construye imágenes. Se ha descrito su estilo aquí como un canto fúnebre en prosa, electrizado de poesía, cuya singularidad desafía los límites de los géneros. Cada página está cargada de metáforas, algunas tan extensas que se desarrollan durante varias páginas seguidas —como la que compara su antiguo pelo rubio con el oro y con una antorcha que, con los años, se va apagando, símbolo de la juventud y del propio impulso creativo que también envejece.

Y aquí llegamos a algo importante que discutimos largo y tendido: esas metáforas no son adorno gratuito. El fuerte lirismo del libro sirve a un objetivo muy concreto, que es componer una elegía funeral en memoria de su hijo Francisco, "Pincho", fallecido de leucemia a los seis años. La ornamentación verbal no esconde el dolor ni lo embellece de forma vacía: es la herramienta que Umbral utiliza para hacer decible algo que, de otro modo, sería indecible.

Incluso a nivel de sintaxis —y esto lo comentamos casi como curiosidad técnica— el libro está muy trabajado: frases largas, entrecortadas, repetitivas, construidas deliberadamente para producir un efecto emocional concreto en quien lee. Nada en Mortal y rosa parece estar puesto al azar.

Publicado en 1975, el libro tuvo una acogida inicial bastante tibia. Con el paso de los años, sin embargo, la crítica lo fue revalorizando hasta convertirlo en una de las cumbres de la literatura española de posguerra, y en una pieza clave dentro de la trayectoria de Umbral: aquí abandona en buena medida la voz combativa y mordaz de sus columnas para entregarse a una introspección lírica muy poco habitual en él. Ese reconocimiento, aunque tardío, terminó siendo total: Umbral recibiría con los años el Premio Nadal, el Príncipe de Asturias de las Letras y, finalmente, el Premio Cervantes en el año 2000, el máximo galardón en lengua castellana.

Os comento son sinceridad lo que el libro nos generó a nosotros como grupo.

Reconozco que a la gran mayoría de quienes asistimos a la reunión, el libro no nos ha resultado agradable de leer. Y un porcentaje notable del grupo ni siquiera consiguió terminarlo. Sin embargo, y esto es importante, ese mismo grupo que no disfrutó la lectura reconoció sin dudarlo la enorme calidad literaria de la obra. No es una contradicción: es, probablemente, la prueba de que estamos ante un libro exigente, que no busca entretener sino incomodar, y que logra su propósito literario precisamente a costa de la comodidad del lector.

De toda esta reflexión conjunta sacamos una conclusión que queremos compartir con quien se anime a leerlo después de nosotros: Mortal y rosa no es un libro para leer del tirón. Es un libro para compaginar con otras lecturas, para leer por capítulos espaciados en el tiempo, dejando que cada fragmento repose antes de pasar al siguiente. Su densidad emocional y poética pide pausa, no velocidad. Leído así, con calma y distancia, es mucho más probable disfrutar —o al menos apreciar en su justa medida— lo que Umbral consiguió escribir desde el dolor más hondo.



"Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad."
— Francisco Umbral, Mortal y rosa

¿Lo habéis leído? Nos encantaría conocer vuestra experiencia con este libro tan particular en los comentarios.


lunes, 31 de agosto de 2026

LA CARTERA DE FRANCESCA GIANNONE LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE AGOSTO

 


El pasado miércoles 26 de agosto nos reunimos una vez más en nuestro club de lectura para compartir impresiones sobre La cartera, de Francesca Giannone. Y, como suele ocurrir cuando un libro nos deja huella, la conversación acabó yendo mucho más allá de la historia de su protagonista.

Hablamos de mujeres, de libertad, de las normas que impone una comunidad, de la memoria familiar y de esas pequeñas decisiones que, sin que nadie lo sepa en ese momento, pueden acabar abriendo caminos para el resto de protagonistas.

La novela nos lleva hasta Lizzanello, en el Salento, en los años treinta. Allí llega Anna, una joven procedente del norte de Italia, junto a su marido Carlo. Pero Anna no tarda en descubrir que comenzar una nueva vida en el pequeño pueblo no va a ser sencillo.

Acostumbrada a tomar sus propias decisiones, sorprende a todos cuando decide presentarse a un puesto de cartera. En una época en la que no era habitual que una mujer trabajara en un puesto de trabajo reservado a los hombres, se desplazara sola en bicicleta o reivindicara su independencia, Anna comienza a recorrer las calles del pueblo llevando no solo  cartas y noticias sino también esperanza ayundando entender los mensajes de esas misivas a los dstinatarios que no sabían leer.

Y así, casi sin pretenderlo, termina convirtiéndose en mucho más que la mujer que reparte el correo. Su vida, sus decisiones y su manera de enfrentarse a las convenciones sociales hacen que su historia se cruce con la de todo el pueblo.

A partir de ahí, Francesca Giannone construye una novela de personajes, relaciones, secretos y conflictos en la que la historia personal convive con algunos de los grandes acontecimientos de la Italia de aquellos años.

Uno de los aspectos que comentamos fue el curioso origen de esta historia.

Francesca Giannone, nacida en 1982 y vinculada al Salento, descubrió durante el confinamiento documentos y fotografías familiares que la llevaron hasta la figura de su bisabuela, Anna Allavena, una mujer que había llegado desde el norte y que en los años treinta ejerció como cartera en un pequeño pueblo del sur.

Pero La cartera no es una biografía. La autora toma esa historia real como punto de partida y construye una obra de ficción en la que se mezclan memoria familiar, documentación histórica e imaginación.

Y quizá eso sea precisamente lo hermoso: una historia concreta acaba dando voz a muchas otras mujeres que nunca aparecieron en los libros de historia.

Durante nuestra conversación apareció varias veces una misma idea: Anna no quiere ser una revolucionaria.

No pretende cambiar el mundo ni convertirse en un símbolo. Solo quiere vivir de acuerdo con sus propias decisiones.

Trabajar, desplazarse sola, tener una vida propia y no aceptar que su identidad quede limitada al matrimonio o a la maternidad son gestos que hoy pueden parecernos normales. Pero en la Italia rural de los años treinta suponían una auténtica transgresión.

Porque muchas veces los cambios no comienzan con grandes discursos, sino con alguien que decide hacer algo que hasta entonces parecía imposible.

De ahí surgió una de las preguntas que nos dejó la lectura:

¿Cuántas personas hicieron pequeñas revoluciones sin saber que estaban haciendo historia?

El feminismo está muy presente en La cartera, aunque no necesariamente a través de grandes discursos. Está en las decisiones de sus personajes y, sobre todo, en las posibilidades que cada mujer tiene para elegir su propia vida.

Anna busca construir una identidad propia al margen de los papeles tradicionales. Pero junto a ella encontramos otras mujeres cuyas circunstancias son muy diferentes y cuyas decisiones están condicionadas por la familia, la educación y la sociedad.

Y entonces apareció otra pregunta que nos pareció especialmente interesante:

¿Elegimos realmente nuestra vida o elegimos entre las posibilidades que la sociedad nos permite?

La novela nos recuerda que la libertad no depende solamente de tener carácter o valentía. También depende de las oportunidades que se nos ofrecen.

Mientras leíamos, el paisaje del Salento iba cobrando cada vez más importancia. Y durante la reunión coincidimos en que el pueblo es casi un personaje más de la novela.

Lizzanello observa, comenta, juzga, protege y también castiga. Es una comunidad cercana, donde todos parecen conocer a todos, pero esa misma cercanía puede convertirse en vigilancia.

Hay nostalgia por la vida compartida, por las familias y las relaciones de vecindad, pero sin idealizar un pasado marcado también por las desigualdades y la falta de libertad.

La llegada de Anna permite a la autora mostrarnos también las diferencias entre el norte y el sur de Italia.

Aunque llega al mismo país, Anna se siente casi como una extranjera. Sus costumbres, su educación y su manera de entender la vida chocan con las de la comunidad que la recibe.

El fascismo, la guerra y la Iglesia forman parte también de la historia, pero aparecen vinculados a la vida cotidiana de los personajes.

El fascismo y la guerra afectan a las familias y condicionan decisiones personales. La Iglesia, por su parte, participa de la estructura social del pueblo y ayuda a determinar qué comportamientos son considerados aceptables y cuáles no.

Y aquí encontramos otra de las contradicciones que más nos hicieron pensar:

Mientras algunas personas son juzgadas por apartarse de las normas sociales o religiosas, otros comportamientos moralmente cuestionables pueden quedar ocultos o ser tolerados.

Así que la pregunta vuelve a aparecer:

¿Qué escandaliza realmente al pueblo: la inmoralidad o la desobediencia?

Francesca Giannone quiso recuperar la historia de su bisabuela para que no desapareciera en el olvido y terminó construyendo una novela que habla de muchas otras mujeres.

Mujeres que fueron las primeras en hacer algo.

Que trabajaron.

Que estudiaron.

Que eligieron un camino diferente.

Que dijeron que no.

O que, simplemente, se negaron a aceptar el destino que otros habían elegido para ellas.

Porque La cartera nos recuerda algo que nos parece especialmente importante: las grandes transformaciones pueden comenzar con decisiones que, en ese momento, parecen pequeñas.

Nuestra reunión terminó, como tantas veces, hablando de la intertextualidad en esta novela, de las múltiples novelas que la protagonista comparte con su cuñado Antonio y que alguna de ellas pueden formar parte de nuestras próximas lecturas para el año venidero. Además disfrutamos de la cultura culinaria italiana que las protagonistas nos muestran en su día a día. No pudo faltar en nuestra reunión la salsa pesto en la focaccia, pizza y recrear la tarta de chocolate del cumpleaños de Giada con esa deliciosa pasta frola.


Francesca Giannone


Al final de la novela, Francesca Giannone rescata unas palabras de su bisabuela Anna que adquieren un significado especial después de todo lo que hemos leído:

«No quiero ser olvidada».

Y la autora le responde:

«No lo serás. Te lo prometo».




sábado, 27 de junio de 2026

EL DIOS DE LOS BOSQUES, UNA NOVELA DE MISTERIO COMPARTIDA DURANTE EL MES DE JUNIO

 


Hay novelas que atrapan por el misterio y otras que permanecen en la memoria por sus personajes. El dios de los bosques, de Liz Moore, consigue ambas cosas. Aunque se presenta como un thriller, pronto descubrimos que estamos ante una obra mucho más ambiciosa: un retrato de las relaciones familiares, del peso del pasado y de las desigualdades sociales, todo ello envuelto en una atmósfera del bosque de los montes de Adirondack.

No es casualidad que la novela obtuviera el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de Misterio y Thriller de 2024, un premio concedido por votación de cientos de miles de lectores de todo el mundo. Más allá del reconocimiento popular, el galardón refleja algo que muchos críticos también señalaron: Liz Moore ha logrado ampliar los límites del thriller tradicional para acercarlo a la novela literaria.

La historia comienza en el verano de 1975, cuando Barbara Van Laar, una adolescente de trece años, desaparece del campamento de verano propiedad de su acomodada familia, en los bosques de los Adirondacks, al norte del estado de Nueva York.

La desaparición provoca una enorme conmoción porque no es la primera tragedia que golpea a los Van Laar. Años antes, el hermano mayor de Barbara desapareció en circunstancias similares sin que jamás se encontrara una explicación.

A partir de ese punto, la novela alterna distintas voces y diferentes momentos temporales para reconstruir no solo qué ocurrió, sino también cómo los secretos, las mentiras y los silencios han condicionado durante años la vida de todos los personajes.

La naturaleza como un personaje más

Uno de los mayores aciertos de Liz Moore es convertir el bosque en un auténtico protagonista.

Los inmensos bosques de los Adirondacks representan la belleza salvaje de la naturaleza, pero también el miedo, lo desconocido y todo aquello que permanece oculto. El paisaje condiciona el comportamiento de los personajes y envuelve toda la narración en una atmósfera de tensión constante.

El bosque acaba funcionando como una metáfora de las propias familias: en la superficie todo parece ordenado, pero bajo ella permanecen enterrados secretos difíciles de afrontar.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es su construcción.

Liz Moore utiliza una narración coral, alternando numerosos puntos de vista y diferentes líneas temporales. Poco a poco, el lector va ensamblando las piezas de un complejo rompecabezas.

Esta estructura exige cierta atención, ya que aparecen muchos personajes y y una narración en dos tiempos, 1961 Y 1975. Sin embargo, lejos de convertirse en un artificio, termina enriqueciendo la historia porque permite comprender cómo un mismo acontecimiento puede vivirse de manera completamente distinta según quién lo recuerde.

El suspense no nace únicamente de descubrir quién hizo qué, sino de entender por qué cada personaje actúa como lo hace.

Quizá la mayor virtud de la novela sea la profundidad psicológica de sus personajes, dedicándole capítulos enteros a cada uno de ellos. Todos arrastran frustraciones, culpas y heridas.

Nadie es completamente inocente ni completamente culpable. Todos arrastran heridas, culpas, 

Especialmente interesantes resultan los personajes femeninos, cuyas vidas reflejan las limitaciones impuestas por la sociedad de los años setenta. A través de ellas, Moore explora temas como la maternidad, la identidad, la independencia y el papel de la mujer dentro de familias dominadas por estructuras patriarcales.

También sobresale el contraste entre la poderosa familia Van Laar y los trabajadores que dependen económicamente de ella, una diferencia social que atraviesa toda la novela.

Aunque Liz Moore ha explicado en algunas entrevistas que la experiencia de su familia con las adicciones ha influido profundamente en toda su obra, esa no fue la inspiración principal de El dios de los bosques. Para escribir esta historia confluyeron varias inspiraciones.

La primera fue profundamente personal. Moore pasó muchos veranos de su infancia en los montes Adirondack, una región con la que su familia mantiene una estrecha relación desde hace generaciones. Quería capturar esa mezcla de belleza, aislamiento y amenaza que transmiten aquellos inmensos bosques.

La segunda procede de un episodio real. Durante los años setenta, los vecinos de esta zona vivieron con inquietud la presencia del asesino Robert Garrow. Moore ha contado que escuchó hablar de aquel caso desde niña y que ese miedo colectivo quedó grabado en su imaginación, inspirando parte de la atmósfera de la novela.

Por último, la autora quería reflexionar sobre el privilegio económico y el poder. Frente a una familia adinerada que parece controlar todo cuanto la rodea, sitúa a quienes viven y trabajan realmente en el campamento, mostrando cómo las desigualdades sociales condicionan incluso la forma de descubrir a los culpables.

Entre sus mayores aciertos que hemos apuntado durante nuestra reunión del día pasado día 24 de junio destacan:

  • Una atmósfera extraordinariamente lograda, donde el bosque adquiere vida propia.
  • Una construcción narrativa muy elaborada que mantiene el interés durante toda la lectura.
  • Personajes complejos y psicológicamente creíbles.
  • Una inteligente reflexión sobre la culpa, el privilegio, la memoria y los secretos familiares.
  • Una escritura elegante que trasciende los códigos habituales del thriller. 
Y entre los aspectos más discutibles, señalamos:

  • El ritmo resulta pausado durante buena parte de la primera mitad sin adentrarse de lleno en la trama.
  • La abundancia de personajes y los frecuentes cambios temporales exigen una lectura atenta, especialmente en los primeros capítulos.
  • Algunas revelaciones importantes se concentran en el tramo final, lo que nos dio la sensación de que ciertas explicaciones llegan demasiado deprisa tras una larga preparación.

Finalmente, dedujimos que el verdadero interés de la novela no reside en el misterio en sí, sino en las consecuencias emocionales que este provoca.

Esta novela premiada con el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de Misterio y Thriller de 2024 supone un reconocimiento especialmente significativo porque son los propios lectores quienes eligen al ganador mediante votación.

La novela se impuso gracias a su capacidad para combinar el suspense con una gran calidad literaria, alejándose del thriller convencional para ofrecer una historia donde importan tanto los personajes como el misterio que los rodea.

No es únicamente una novela sobre una desaparición. Es una reflexión sobre cómo las familias construyen sus propios relatos, sobre las diferencias de clase, sobre el peso del pasado y sobre la imposibilidad de esconder para siempre aquello que permanece enterrado.

Nuestra valoración

El dios de los bosques confirma a Liz Moore como una autora capaz de combinar la tensión narrativa del thriller con la profundidad psicológica de la mejor ficción contemporánea.

Puede que no sea una novela de ritmo vertiginoso, pero precisamente esa pausa permite desarrollar unos personajes memorables y una atmósfera difícil de olvidar.

En definitiva, estamos ante una obra que demuestra que el mejor suspense no consiste únicamente en descubrir quién desapareció, sino en comprender qué secretos estaban esperando para salir a la luz.


Liz Moore


Cuando estés perdido, siéntate y grita
El dios de los bosques

jueves, 4 de junio de 2026

El misterio inconcluso de Ana María Matute: Creando nuestros propios «Demonios familiares»

 


El pasado 27 de mayo, nuestro club de lectura se reunió con gran expectación para debatir sobre la lectura compartida en el mes de mayo Demonios familiares, la última novela de la gran Ana María Matute. Lo que comenzó como una lectura habitual se convirtió rápidamente en una sesión llena de sorpresas, debate y, sobre todo, mucha creatividad.

La historia nos sitúa en un ambiente opresivo y convulso: la protagonista, Eva, una adolescente de 16 años, vuelve a la casa en la que creció tras la amenaza de incendio del convento en el que vive como postulanta. A partir de ese momento, el reencuentro con su única amiga Jovita y la relación con su severo padre, el coronel,  junto con las dos personas que atienden la casa, Magdalena y Yaco, desencadenará, junto con la guerra, una serie de hechos que quedarán inconclusos.

Al cerrar las últimas páginas del libro, la reacción unánime en el club fue de absoluta sorpresa: «¿Qué ha pasado aquí?». La explicación detrás de este desconcierto radica en la propia historia de la novela.

Ana María Matute falleció en junio de 2014, justo el verano en que daba los últimos retoques a este manuscrito, cuya publicación estaba programada para septiembre de ese mismo año. Era un detalle que muchos de nosotros desconocíamos. Sin embargo, como bien señaló un crítico literario:

"Nos ha dejado una obra sin terminar para que la imaginemos y la inventemos nosotros, para que de la mano de ella hagamos literatura".

Inspirados por este hermoso desafío, en el club decidimos recoger el testigo de la autora. Nos dividimos en cuatro grupos de trabajo para diseñar y escribir nuestro propio desenlace.

Pero antes de desvelar el proceso creativo del club de lectura y  entender la profundidad de Demonios familiares, es imprescindible asomarse a la biografía de su creadora . Matute no solo fue una de las plumas más brillantes de la posguerra, sino una mujer que logró el hito de vivir de la literatura en una época donde el terreno cultural estaba reservado casi en exclusiva para los hombres

A través de los textos biográficos en los que me he sumergido, descubrimos los pilares que forjaron su inconfundible universo literario:

  • Una infancia marcada: Nació en Barcelona (1925) en una familia burguesa, conservadora y religiosa. Una grave enfermedad a los cuatro años la llevó a Mansilla de la Sierra (La Rioja), donde descubrió una naturaleza rural que marcaría su imaginación para siempre.
  • El trauma de la guerra: Tenía apenas diez años cuando estalló la Guerra Civil . El dolor, los bombardeos y la extrema pobreza de la posguerra robaron su infancia y se convirtieron en el eje central de sus historias, habitadas habitualmente por niños solitarios o incomprendidos.
  • Vocación e independencia: Empezó a escribir e ilustrar cuentos con solo cinco años. A los 17 escribió su primera novela, Pequeño Teatro (Premio Planeta 1954), iniciando una prolífica y muy premiada carrera que camuflaba una crítica soterrada al franquismo.
  • El "marido malo" y la pérdida: En 1952 se casó con el también escritor Ramón Eugenio Goicoechea . Tras años de deudas familiares y la pérdida de sus herramientas de trabajo por los excesos de él, decidió separarse en 1962. Para las leyes de la época, abandonar el domicilio familiar y poner fin a una relación matrimonial rozaba lo suicida pues no solo le impidieron divorciarse, sino que le arrebataron temporalmente la custodia de su hijo.
  • El silencio y el renacer: Tras recuperar la custodia de su hijo y dar clases en EE. UU., regresó a España y encontró la estabilidad junto a su segundo esposo, Julio Brocar. (Sin embargo, el dolor acumulado la sumió en una profunda depresión que la mantuvo años sin escribir. No fue hasta 1996, impulsada por su agente Carmen Balcells, cuando resurgió con la monumental Olvidado Rey Gudú, abriéndole las puertas de la RAE y llevándola a ganar el Premio Nacional de las Letras (2007) y el Premio Cervantes (2010) .

El proceso creativo: Cuatro caminos hacia la tragedia

Al analizar los posibles finales, todos los grupos coincidieron en un punto fundamental: no habría un final feliz. Una vez leídos todos los desenlaces descubrimos que la trayectoria de Matute y sus novelas ambientadas en la Guerra Civil española, como Los Abel o Luciérnagas, son desoladores y trágicos.

Siguiendo esa estela de dolor y secretos familiares, estas fueron las propuestas de cada grupo:

  • Grupo 1 (Secretos de sangre y fuego): Se descubre que Magdalena es la madre biológica de Yaco, fruto de un desliz de juventud del General con la criada; para ocultarlo, decidieron dejar al niño en la casa bajo el rol de sirviente. En el plano bélico, un ataque del bando nacional descubre al infiltrado Berni escondido en el desván y lo fusilan. El caos desata un incendio donde muere el Coronel, coincidiendo poéticamente con el nacimiento del hijo de Jovita.
  • Grupo 2 (Traumas del pasado): El Coronel arrastra un trauma infantil: mató a su hermano en un accidente doméstico, provocando que su madre lo culpara de por vida mientras idolatraba al fallecido. Al quedar la criada Magdalena embarazada (del Coronel), la matriarca decidió que se quedara en la casa sirviendo. El final es amargo: Berni es descubierto y muere, mientras que Yaco se entera del embarazo de Jovita y, a pesar de no ser el padre, decide casarse con ella.
  • Grupo 3 (La redención de Yaco): Aquí Yaco toma el protagonismo. Decide seguir al lado del Coronel pero logrando una vida mucho más libre, tras desvelarse que es hijo de la criada Magdalena. Por su parte, Berni marcha al frente de guerra donde encuentra la muerte. El toque de aceptación lo pone el farmacéutico, quien asume el embarazo de su hija Jovita para ver nacer a su nieto.
  • Grupo 4 (La eterna espera): Berni logra curarse de sus heridas en el desván gracias a los cuidados recibidos y marcha al frente junto a Yaco. Sin embargo, al pertenecer al bando perdedor, ninguno de los dos regresa jamás. Jovita da a luz a una niña a la que bautiza como Penélope, quien crecerá y pasará toda su vida esperando en vano que su padre, Berni, regrese algún día para conocerla.

En su discurso del Premio Cervantes, Ana Mª Matute afirmó:


  “La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas” . 

En nuestra última reunión comprobamos que su faro sigue encendido, guiándonos a nosotros también para perder el miedo a la página en blanco y seguir creando historias.

¡Gracias a todos los socios por hacer de esta una de las sesiones más especiales y creativas del año!


martes, 5 de mayo de 2026

LA MUY CATASTRÓFICA VISITA AL ZOO LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE ABRIL

 


Este mes en el club hemos leído La muy catastrófica visita al zoo, y creo que a muchos nos ha pasado algo parecido: empezamos la novela pensando que sería una historia ligera, casi anecdótica… y hemos acabado encontrando bastante más de lo que parecía.

Para quien no conozca el libro, la historia está narrada por Joséphine, una niña con una voz muy particular que le cuenta a sus padres todo lo que ocurrió durante una excursión escolar que terminó en desastre. Pero lo interesante es que ese caos no empieza en el zoo: antes hay toda una cadena de acontecimientos, entre ellos una inundación en su escuela, que ya anticipa que las cosas no van a salir como deberían.

Joséphine forma parte de un pequeño grupo de niños de una escuela “especial”, y junto a otros compañeros comienza  una  investigación infantil para entender qué ha provocado ese desastre. A partir de ahí, la historia va creciendo entre malentendidos, decisiones improvisadas y situaciones cada vez más desbordadas, hasta desembocar en el famoso desastre del zoo.

Contado así, podría parecer simplemente una aventura infantil, pero creo que ahí está precisamente la gracia del libro. A través de esa mirada ingenua —y a la vez muy lúcida— de los niños, la novela introduce temas bastante más profundos: la diferencia, la igualdad, la amistad y, sobre todo, la forma en que los niños ven el mundo de los adultos.

 El zoo funciona como una especie de espejo. En teoría estamos observando animales en un entorno controlado, pero poco a poco da la sensación de que los observados somos nosotros. Los comportamientos que aparecen —egoísmo, hipocresía, decisiones impulsivas— no son tan distintos de los que vemos fuera del libro, y eso hace que la historia, aunque absurda por momentos sea reconocible.

También nos ha parecido interesante cómo se retrata el papel de los adultos y de las instituciones. El sistema educativo, la dirección del centro o incluso la intervención de la policía aparecen en algunos momentos como estructuras más preocupadas por el control, la imagen o las normas que por comprender realmente lo que está pasando. Y ahí es donde la novela introduce una crítica que, aunque está envuelta en humor, resulta bastante clara.

 Es una novela corta, ágil y muy fácil de leer, con capítulos breves y un estilo directo que engancha desde el principio. Además, se aleja bastante del tipo de historias más complejas o de suspense que solemos asociar a Dicker, lo que puede sorprender —para bien o para mal— según lo que cada lector espere.

Eso sí, creo que esa misma ligereza tiene también su lado menos fuerte. En algunos momentos me ha dado la sensación de que los personajes no terminan de desarrollarse del todo, como si funcionaran más como vehículos de ideas que como personajes completamente construidos.

Uno de los temas que más debate ha  generado es el de la democracia, entendida como la toma de decisiones en grupo. A lo largo de la historia vemos cómo participar no siempre implica comprender, y cómo decidir entre todos no garantiza que se llegue a la mejor solución. Más que criticar el sistema en sí, a mí me ha parecido que la novela pone el foco en cómo nos comportamos dentro de él.

Sobre el humor, por un lado, creo que ayuda mucho a que la crítica no resulte pesada. Pero por otro, entiendo que haya quien sienta que ese tono ligero le quita profundidad a temas que podrían haberse desarrollado más.

Como conclusión la novela habla del caos que hay debajo de cosas que damos por normales: la convivencia, la educación, las normas sociales, incluso las decisiones colectivas. Todo parece estable… hasta que deja de serlo.

En conjunto, nos  ha parecido una novela divertida e  interesante para leer. Creo que gana más cuando la lees buscando lo que sugiere que por lo que cuenta literalmente.


Joel Dicker


" Una catástrofe nunca sucede de buenas a primeras: es el desenlace de una serie de sacudidas pequeñas que casi no se notan pero que, poco a poco, se convierten en un terremoto "

La muy catastrófica visita al zoo

sábado, 11 de abril de 2026

LA SOMBRA DE LOS SUEÑOS LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE MARZO

 


El pasado 8 de abril, nuestro club de lectura se reunió para comentar La sombra de los sueños, de Gonzalo Giner, una novela que ha despertado un entusiasmo notable entre los lectores. La valoración general fue muy positiva: a la mayoría le ha gustado especialmente la manera en que el autor consigue entrelazar con soltura la acción, el suspense, la aventura y la ficción histórica, construyendo una narración ágil, absorbente y, al mismo tiempo, rica en matices.

Antes de adentrarnos en la trama, dedicamos parte del encuentro a hablar de su autor, Gonzalo Giner , veterinario de profesión y escritor por vocación, unido desde siempre al mundo animal y, de manera muy especial, al de los caballos. Él mismo ha contado en alguna entrevista que las innumerables horas pasadas en aviones y hoteles le permitieron cultivar una de sus grandes aficiones desde la infancia: la lectura, tanto de novelas como de libros de historia. Quizá de ahí nazca también su impulso literario, que compagina con su trabajo como veterinario. Durante la sesión compartimos una reflexión del propio autor sobre los caballos, que dice así: “El caballo es el animal más completo de la creación; sus proporciones, actitud, estética y tamaño lo convierten en el más hermoso, bajo mi forma de ver. Además, ha sido el animal más versátil. Nos ha transportado, ha sido arma de guerra, trabajó el campo, sirvió de moneda de cambio por parte de la nobleza a los reyes, cuando los segundos no tenían ejército, nos los hemos comido y ahora es terapeuta, deportista o protagonista de los aires más bellos sobre una pista de arena, a veces bailando”

A partir de ahí, el club se adentró en la base histórica de la novela, centrada en la figura de Saladino, un personaje decisivo y, sin embargo, poco transitado en muchos manuales de historia. Gonzalo Giner lo rescata para llevarnos hasta la Tercera Cruzada, en un contexto de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en Tierra Santa que se prolongaron durante siglos. Durante unos doscientos años, desde la conquista de Jerusalén en 1099 hasta aproximadamente 1300, se produjeron ocho cruzadas, de las cuales tres fueron ganadas por los cristianos, cuatro por los musulmanes y una quedó en tablas, tal como recuerda el propio autor. También reflexionamos sobre el hecho de que sabemos relativamente poco de aquellas cruzadas, en buena medida porque han sido narradas, tradicionalmente, por autores occidentales que contaban la historia desde el lado vencedor.

En ese marco histórico aparece Saladino, el gran sultán de las cruzadas, nacido en 1138 y fallecido en 1193. Procedente de una familia de gobernadores que se trasladó a Siria, su vida le llevó por distintos territorios y escenarios políticos de enorme complejidad. Giner lo presenta no solo como un líder militar, sino como un hombre culto, sensible, amante de los caballos y de la poesía, con una fuerte inclinación hacia la espiritualidad y el ascetismo. Su figura alcanzó una enorme resonancia en el mundo occidental cuando conquistó Jerusalén, ciudad que había permanecido en manos cristianas durante noventa años. Fue el vencedor de la Tercera Cruzada, la primera en la que participaron reyes como Ricardo Corazón de León, Felipe de Francia, el rey de Alemania y Federico Barba Roja. La novela tiene el mérito de mostrarnos a un Saladino humano, íntimo, más allá del mito, a través de su correspondencia con Maimónides y con su madre, un recurso que añade profundidad emocional y complejidad al personaje.

Otro de los aspectos analizados en la reunión fue la ambientación. La novela nos transporta a algunas de las ciudades más míticas y también más desconocidas de Oriente, lugares que en otro tiempo vivieron un esplendor extraordinario. A ello se suma el contraste con el glamour del París del siglo XXI o con un emirato rico gracias al petróleo. También se valoró la manera en que la obra refleja los conflictos entre árabes e israelíes, tan presentes en la actualidad, así como el papel del Mossad y el peso de los servicios de inteligencia israelí en la trama. La novela, además, nos llevó a pensar en la lamentable situación del pueblo kurdo, uno de esos grandes temas históricos y geopolíticos que a menudo quedan relegados y que, sin embargo, atraviesan silenciosamente el presente.

En cuanto a los personajes, el grupo destacó que están muy bien delineados, con personalidades fuertes y contrastadas. Aunque la novela presenta mujeres cultas, independientes e inteligentes, también muestra cómo  caen en la tentación del dinero y del lujo, lo que añade ambigüedad y realismo a sus decisiones. Entre todos ellos, hubo consenso en señalar a Sara como uno de los personajes más atractivos y sostenedores del interés narrativo: ladrona de arte nacida en Tel Aviv, hija de un israelí y de una kurda, su figura reúne inteligencia, audacia y vulnerabilidad. Junto a ella destacamos a Jalid Bin Ayud, un emir apasionado de los caballos y soñador infatigable, empeñado en poner en marcha un ambicioso proyecto destinado a recuperar aquellos que pertenecieron a personajes históricos. Ambos encarnan, desde perspectivas distintas, esa mezcla de deseo, ambición y fascinación por el pasado que vertebra la novela.

El arte ocupó también un lugar central en nuestra conversación. Los innumerables robos de Sara sirvieron para comentar tres obras especialmente significativas que aparecen en la novela. La primera es el retrato de Berthe Morisot con un ramo de violetas, cuadro que Sara roba en el Musée d'Orsay al inicio de la historia y que abre simbólicamente el juego de hurtos y búsquedas que atraviesa la trama. 




La segunda es el retrato de Saladino de Cristofano dell’Altissimo, conservado en el Palazzo Pitti , donde Sara localiza la obra y planifica su sustracción. Se trata de un robo muy simbólico, porque conecta de manera directa con la gran línea histórica del libro y con el proyecto obsesivo del emir. 



La tercera obra es la célebre Cabeza de Medusa, de Caravaggio, una cabeza cortada que representa el instante congelado del horror o la cara que se nos queda cuando estamos alcanzando el final de la novela.



Para cerrar la sesión, nos detuvimos en los avances científicos. En concreto, hablamos del impulso de la medicina contemporánea y de las investigaciones sobre las células madre, así como de los numerosos interrogantes que todavía plantea la biología celular. Fue una manera muy adecuada de terminar el encuentro, porque la novela de Gonzalo Giner no solo invita a viajar por la historia y el arte, sino también a pensar en el conocimiento, en sus límites y en las preguntas que siguen abiertas.


Gonzalo Giner

El Cairo, Egipto 1181

" El médico y judío cordobés Maimónides exploraba la rodilla derecha del sultán de Egipto Salah ad-Din Yusuf, conocido por los cruzados como Saladino, en una de las estancias privadas del hombre al que todo el orbe musulmán empezaba a llamar la espada de los creyentes "

La sombra de los sueños


lunes, 9 de marzo de 2026

DE RATONES Y HOMBRES, LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE FEBRERO

 


El pasado cuatro de marzo el club de lectura se reunió en torno a este libro que aunque breve no dejó de despertar un debate que sacó a la luz la profundidad de la novela. Publicada en 1937, en plena Gran Depresión estadounidense, la novela retrata la vida de los trabajadores agrícolas itinerantes que sobreviven encadenando empleos precarios en ranchos de California. 

La novela nace en el marco de la crisis económica de los años treinta. Steinbeck, atento observador de su tiempo, convierte el rancho californiano en un microcosmos social donde se reproducen jerarquías, tensiones raciales, desigualdades y frustraciones.

El gran motor narrativo es el sueño compartido por George y Lennie: ahorrar lo suficiente para comprar un pequeño terreno propio. Ese anhelo —tan sencillo y tan poderoso— encarna una versión humilde del “sueño americano”. Pero también revela su fragilidad. Desde el principio intuimos que ese proyecto está amenazado por la precariedad económica y por la propia naturaleza trágica de los personajes.

El interés de la novela reside precisamente en esa tensión: una historia aparentemente sencilla que, sin embargo, conduce a un desenlace de enorme carga moral y emocional.

Todos los miembros pudimos coincidir en que uno de los grandes logros de esta obra literaria es la construcción de personajes con pocos trazos, pero de gran intensidad. Así pudimos hablar de George representando la razón y la responsabilidad o Lennie encarna esa inocencia a veces peligrosa. También los personajes secundarios - Candy, Crooks, Slim, Curley y su esposa - funcionan como tipos sociales: el viejo descartado, el trabajador marginado por el racismo, el líder natural, el hombre agresivo que compensa su inseguridad, la mujer aislada en un universo masculino.

Cada uno de ellos refleja una forma distinta de soledad. Y es precisamente esa soledad lo que hace que el sueño de la granja compartida sea tan seductor.

 Sin embargo, más allá de su contexto histórico, la historia sigue interpelándonos porque habla de algo universal: la necesidad humana de compañía, dignidad y esperanza.

En cuanto al estilo literario destacamos que  el autor no explica en exceso; muestra. Y al mostrar, deja espacio para que el lector complete el sentido moral de lo que ocurre. No usa una retórica innecesaria y esta economía de recursos intensifica el dramatismo de la acción. También no llamó la atención , en cuanto al estilo narrativo, la construcción de escenas muy visuales, adoptando un estilo cinematográfico.

 Los símbolos utilizados por Steinbeck también merecieron un comentario así : los ratones y los conejos representan la fragilidad de los sueños y la inocencia vulnerable, la granja soñada simboliza el anhelo de autonomía y trabajo compartido, el perro viejo de Candy anticipa el destino de quienes dejan de ser “útiles” o la escena de la garza y la culebra funciona como prefiguración: en un mundo regido por la ley del más fuerte, los más vulnerables terminan siendo devorados. 

Este clásico de la literatura estuvo durante un tiempo en las listas Challenged book ( libros censurados ) por:

  • la representación de la mujer: Steinbeck  retoma el viejo motivo bíblico de la perdición de lo masculino por lo femenino: el Edén  en el que Eva, la serpiente y la manzana son una misma cosa.
  • El tratamiento de la discapacidad
  • Uso del lenguaje considerado ofensivo
  • La violencia
  • Insultos raciales
No compartimos esta valoración durante nuestro debate pues el lenguaje nos pareció adecuado, el tratamiento de la discapacidad también, se aprecia el racismo imperante en la sociedad americana del momento pero en ningún momento ofensivo. Existe violencia pero tan solo al final de la novela y quizás en la representación de la única mujer que aparece podemos ver algunos retazos de discriminación como el de no ponerle nombre y mostrar una actitud no del todo clara entre provocación o simplemente necesidad de compañía.

En definitiva al cerrar el libro, comprendemos que no hemos leído solo la historia de George y Lennie, sino una reflexión sobre la condición humana: nuestra necesidad de soñar… y la dolorosa conciencia de que no todos los sueños pueden cumplirse.