jueves, 4 de junio de 2026

El misterio inconcluso de Ana María Matute: Creando nuestros propios «Demonios familiares»

 


El pasado 27 de mayo, nuestro club de lectura se reunió con gran expectación para debatir sobre la lectura compartida en el mes de mayo Demonios familiares, la última novela de la gran Ana María Matute. Lo que comenzó como una lectura habitual se convirtió rápidamente en una sesión llena de sorpresas, debate y, sobre todo, mucha creatividad.

La historia nos sitúa en un ambiente opresivo y convulso: la protagonista, Eva, una adolescente de 16 años, vuelve a la casa en la que creció tras la amenaza de incendio del convento en el que vive como postulanta. A partir de ese momento, el reencuentro con su única amiga Jovita y la relación con su severo padre, el coronel,  junto con las dos personas que atienden la casa, Magdalena y Yaco, desencadenará, junto con la guerra, una serie de hechos que quedarán inconclusos.

Al cerrar las últimas páginas del libro, la reacción unánime en el club fue de absoluta sorpresa: «¿Qué ha pasado aquí?». La explicación detrás de este desconcierto radica en la propia historia de la novela.

Ana María Matute falleció en junio de 2014, justo el verano en que daba los últimos retoques a este manuscrito, cuya publicación estaba programada para septiembre de ese mismo año. Era un detalle que muchos de nosotros desconocíamos. Sin embargo, como bien señaló un crítico literario:

"Nos ha dejado una obra sin terminar para que la imaginemos y la inventemos nosotros, para que de la mano de ella hagamos literatura".

Inspirados por este hermoso desafío, en el club decidimos recoger el testigo de la autora. Nos dividimos en cuatro grupos de trabajo para diseñar y escribir nuestro propio desenlace.

Pero antes de desvelar el proceso creativo del club de lectura y  entender la profundidad de Demonios familiares, es imprescindible asomarse a la biografía de su creadora . Matute no solo fue una de las plumas más brillantes de la posguerra, sino una mujer que logró el hito de vivir de la literatura en una época donde el terreno cultural estaba reservado casi en exclusiva para los hombres

A través de los textos biográficos en los que me he sumergido, descubrimos los pilares que forjaron su inconfundible universo literario:

  • Una infancia marcada: Nació en Barcelona (1925) en una familia burguesa, conservadora y religiosa. Una grave enfermedad a los cuatro años la llevó a Mansilla de la Sierra (La Rioja), donde descubrió una naturaleza rural que marcaría su imaginación para siempre.
  • El trauma de la guerra: Tenía apenas diez años cuando estalló la Guerra Civil . El dolor, los bombardeos y la extrema pobreza de la posguerra robaron su infancia y se convirtieron en el eje central de sus historias, habitadas habitualmente por niños solitarios o incomprendidos.
  • Vocación e independencia: Empezó a escribir e ilustrar cuentos con solo cinco años. A los 17 escribió su primera novela, Pequeño Teatro (Premio Planeta 1954), iniciando una prolífica y muy premiada carrera que camuflaba una crítica soterrada al franquismo.
  • El "marido malo" y la pérdida: En 1952 se casó con el también escritor Ramón Eugenio Goicoechea . Tras años de deudas familiares y la pérdida de sus herramientas de trabajo por los excesos de él, decidió separarse en 1962. Para las leyes de la época, abandonar el domicilio familiar y poner fin a una relación matrimonial rozaba lo suicida pues no solo le impidieron divorciarse, sino que le arrebataron temporalmente la custodia de su hijo.
  • El silencio y el renacer: Tras recuperar la custodia de su hijo y dar clases en EE. UU., regresó a España y encontró la estabilidad junto a su segundo esposo, Julio Brocar. (Sin embargo, el dolor acumulado la sumió en una profunda depresión que la mantuvo años sin escribir. No fue hasta 1996, impulsada por su agente Carmen Balcells, cuando resurgió con la monumental Olvidado Rey Gudú, abriéndole las puertas de la RAE y llevándola a ganar el Premio Nacional de las Letras (2007) y el Premio Cervantes (2010) .

El proceso creativo: Cuatro caminos hacia la tragedia

Al analizar los posibles finales, todos los grupos coincidieron en un punto fundamental: no habría un final feliz. Una vez leídos todos los desenlaces descubrimos que la trayectoria de Matute y sus novelas ambientadas en la Guerra Civil española, como Los Abel o Luciérnagas, son desoladores y trágicos.

Siguiendo esa estela de dolor y secretos familiares, estas fueron las propuestas de cada grupo:

  • Grupo 1 (Secretos de sangre y fuego): Se descubre que Magdalena es la madre biológica de Yaco, fruto de un desliz de juventud del General con la criada; para ocultarlo, decidieron dejar al niño en la casa bajo el rol de sirviente. En el plano bélico, un ataque del bando nacional descubre al infiltrado Berni escondido en el desván y lo fusilan. El caos desata un incendio donde muere el Coronel, coincidiendo poéticamente con el nacimiento del hijo de Jovita.
  • Grupo 2 (Traumas del pasado): El Coronel arrastra un trauma infantil: mató a su hermano en un accidente doméstico, provocando que su madre lo culpara de por vida mientras idolatraba al fallecido. Al quedar la criada Magdalena embarazada (del Coronel), la matriarca decidió que se quedara en la casa sirviendo. El final es amargo: Berni es descubierto y muere, mientras que Yaco se entera del embarazo de Jovita y, a pesar de no ser el padre, decide casarse con ella.
  • Grupo 3 (La redención de Yaco): Aquí Yaco toma el protagonismo. Decide seguir al lado del Coronel pero logrando una vida mucho más libre, tras desvelarse que es hijo de la criada Magdalena. Por su parte, Berni marcha al frente de guerra donde encuentra la muerte. El toque de aceptación lo pone el farmacéutico, quien asume el embarazo de su hija Jovita para ver nacer a su nieto.
  • Grupo 4 (La eterna espera): Berni logra curarse de sus heridas en el desván gracias a los cuidados recibidos y marcha al frente junto a Yaco. Sin embargo, al pertenecer al bando perdedor, ninguno de los dos regresa jamás. Jovita da a luz a una niña a la que bautiza como Penélope, quien crecerá y pasará toda su vida esperando en vano que su padre, Berni, regrese algún día para conocerla.

En su discurso del Premio Cervantes, Ana Mª Matute afirmó:


  “La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas”

En nuestra última reunión comprobamos que su faro sigue encendido, guiándonos a nosotros también para perder el miedo a la página en blanco y seguir creando historias.

¡Gracias a todos los socios por hacer de esta una de las sesiones más especiales y creativas del año!