sábado, 27 de junio de 2026

EL DIOS DE LOS BOSQUES, UNA NOVELA DE MISTERIO COMPARTIDA DURANTE EL MES DE JUNIO

 


Hay novelas que atrapan por el misterio y otras que permanecen en la memoria por sus personajes. El dios de los bosques, de Liz Moore, consigue ambas cosas. Aunque se presenta como un thriller, pronto descubrimos que estamos ante una obra mucho más ambiciosa: un retrato de las relaciones familiares, del peso del pasado y de las desigualdades sociales, todo ello envuelto en una atmósfera del bosque de los montes de Adirondack.

No es casualidad que la novela obtuviera el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de Misterio y Thriller de 2024, un premio concedido por votación de cientos de miles de lectores de todo el mundo. Más allá del reconocimiento popular, el galardón refleja algo que muchos críticos también señalaron: Liz Moore ha logrado ampliar los límites del thriller tradicional para acercarlo a la novela literaria.

La historia comienza en el verano de 1975, cuando Barbara Van Laar, una adolescente de trece años, desaparece del campamento de verano propiedad de su acomodada familia, en los bosques de los Adirondacks, al norte del estado de Nueva York.

La desaparición provoca una enorme conmoción porque no es la primera tragedia que golpea a los Van Laar. Años antes, el hermano mayor de Barbara desapareció en circunstancias similares sin que jamás se encontrara una explicación.

A partir de ese punto, la novela alterna distintas voces y diferentes momentos temporales para reconstruir no solo qué ocurrió, sino también cómo los secretos, las mentiras y los silencios han condicionado durante años la vida de todos los personajes.

La naturaleza como un personaje más

Uno de los mayores aciertos de Liz Moore es convertir el bosque en un auténtico protagonista.

Los inmensos bosques de los Adirondacks representan la belleza salvaje de la naturaleza, pero también el miedo, lo desconocido y todo aquello que permanece oculto. El paisaje condiciona el comportamiento de los personajes y envuelve toda la narración en una atmósfera de tensión constante.

El bosque acaba funcionando como una metáfora de las propias familias: en la superficie todo parece ordenado, pero bajo ella permanecen enterrados secretos difíciles de afrontar.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es su construcción.

Liz Moore utiliza una narración coral, alternando numerosos puntos de vista y diferentes líneas temporales. Poco a poco, el lector va ensamblando las piezas de un complejo rompecabezas.

Esta estructura exige cierta atención, ya que aparecen muchos personajes y y una narración en dos tiempos, 1961 Y 1975. Sin embargo, lejos de convertirse en un artificio, termina enriqueciendo la historia porque permite comprender cómo un mismo acontecimiento puede vivirse de manera completamente distinta según quién lo recuerde.

El suspense no nace únicamente de descubrir quién hizo qué, sino de entender por qué cada personaje actúa como lo hace.

Quizá la mayor virtud de la novela sea la profundidad psicológica de sus personajes, dedicándole capítulos enteros a cada uno de ellos. Todos arrastran frustraciones, culpas y heridas.

Nadie es completamente inocente ni completamente culpable. Todos arrastran heridas, culpas, 

Especialmente interesantes resultan los personajes femeninos, cuyas vidas reflejan las limitaciones impuestas por la sociedad de los años setenta. A través de ellas, Moore explora temas como la maternidad, la identidad, la independencia y el papel de la mujer dentro de familias dominadas por estructuras patriarcales.

También sobresale el contraste entre la poderosa familia Van Laar y los trabajadores que dependen económicamente de ella, una diferencia social que atraviesa toda la novela.

Aunque Liz Moore ha explicado en algunas entrevistas que la experiencia de su familia con las adicciones ha influido profundamente en toda su obra, esa no fue la inspiración principal de El dios de los bosquesPara escribir esta historia confluyeron varias inspiraciones.

La primera fue profundamente personal. Moore pasó muchos veranos de su infancia en los montes Adirondack, una región con la que su familia mantiene una estrecha relación desde hace generaciones. Quería capturar esa mezcla de belleza, aislamiento y amenaza que transmiten aquellos inmensos bosques.

La segunda procede de un episodio real. Durante los años setenta, los vecinos de esta zona vivieron con inquietud la presencia del asesino Robert Garrow. Moore ha contado que escuchó hablar de aquel caso desde niña y que ese miedo colectivo quedó grabado en su imaginación, inspirando parte de la atmósfera de la novela.

Por último, la autora quería reflexionar sobre el privilegio económico y el poder. Frente a una familia adinerada que parece controlar todo cuanto la rodea, sitúa a quienes viven y trabajan realmente en el campamento, mostrando cómo las desigualdades sociales condicionan incluso la forma de descubrir a los culpables.

Entre sus mayores aciertos que hemos apuntado durante nuestra reunión del día pasado día 24 de junio destacan:

  • Una atmósfera extraordinariamente lograda, donde el bosque adquiere vida propia.
  • Una construcción narrativa muy elaborada que mantiene el interés durante toda la lectura.
  • Personajes complejos y psicológicamente creíbles.
  • Una inteligente reflexión sobre la culpa, el privilegio, la memoria y los secretos familiares.
  • Una escritura elegante que trasciende los códigos habituales del thriller. 
Y entre los aspectos más discutibles, señalamos:

  • El ritmo resulta pausado durante buena parte de la primera mitad sin adentrarse de lleno en la trama.
  • La abundancia de personajes y los frecuentes cambios temporales exigen una lectura atenta, especialmente en los primeros capítulos.
  • Algunas revelaciones importantes se concentran en el tramo final, lo que nos dio la sensación de que ciertas explicaciones llegan demasiado deprisa tras una larga preparación.

Finalmente, dedujimos que el verdadero interés de la novela no reside en el misterio en sí, sino en las consecuencias emocionales que este provoca.

Esta novela premiada con el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de Misterio y Thriller de 2024 supone un reconocimiento especialmente significativo porque son los propios lectores quienes eligen al ganador mediante votación.

La novela se impuso gracias a su capacidad para combinar el suspense con una gran calidad literaria, alejándose del thriller convencional para ofrecer una historia donde importan tanto los personajes como el misterio que los rodea.

No es únicamente una novela sobre una desaparición. Es una reflexión sobre cómo las familias construyen sus propios relatos, sobre las diferencias de clase, sobre el peso del pasado y sobre la imposibilidad de esconder para siempre aquello que permanece enterrado.

Nuestra valoración

El dios de los bosques confirma a Liz Moore como una autora capaz de combinar la tensión narrativa del thriller con la profundidad psicológica de la mejor ficción contemporánea.

Puede que no sea una novela de ritmo vertiginoso, pero precisamente esa pausa permite desarrollar unos personajes memorables y una atmósfera difícil de olvidar.

En definitiva, estamos ante una obra que demuestra que el mejor suspense no consiste únicamente en descubrir quién desapareció, sino en comprender qué secretos estaban esperando para salir a la luz.


Liz Moore


Cuando estés perdido, siéntate y grita
El dios de los bosques

jueves, 4 de junio de 2026

El misterio inconcluso de Ana María Matute: Creando nuestros propios «Demonios familiares»

 


El pasado 27 de mayo, nuestro club de lectura se reunió con gran expectación para debatir sobre la lectura compartida en el mes de mayo Demonios familiares, la última novela de la gran Ana María Matute. Lo que comenzó como una lectura habitual se convirtió rápidamente en una sesión llena de sorpresas, debate y, sobre todo, mucha creatividad.

La historia nos sitúa en un ambiente opresivo y convulso: la protagonista, Eva, una adolescente de 16 años, vuelve a la casa en la que creció tras la amenaza de incendio del convento en el que vive como postulanta. A partir de ese momento, el reencuentro con su única amiga Jovita y la relación con su severo padre, el coronel,  junto con las dos personas que atienden la casa, Magdalena y Yaco, desencadenará, junto con la guerra, una serie de hechos que quedarán inconclusos.

Al cerrar las últimas páginas del libro, la reacción unánime en el club fue de absoluta sorpresa: «¿Qué ha pasado aquí?». La explicación detrás de este desconcierto radica en la propia historia de la novela.

Ana María Matute falleció en junio de 2014, justo el verano en que daba los últimos retoques a este manuscrito, cuya publicación estaba programada para septiembre de ese mismo año. Era un detalle que muchos de nosotros desconocíamos. Sin embargo, como bien señaló un crítico literario:

"Nos ha dejado una obra sin terminar para que la imaginemos y la inventemos nosotros, para que de la mano de ella hagamos literatura".

Inspirados por este hermoso desafío, en el club decidimos recoger el testigo de la autora. Nos dividimos en cuatro grupos de trabajo para diseñar y escribir nuestro propio desenlace.

Pero antes de desvelar el proceso creativo del club de lectura y  entender la profundidad de Demonios familiares, es imprescindible asomarse a la biografía de su creadora . Matute no solo fue una de las plumas más brillantes de la posguerra, sino una mujer que logró el hito de vivir de la literatura en una época donde el terreno cultural estaba reservado casi en exclusiva para los hombres

A través de los textos biográficos en los que me he sumergido, descubrimos los pilares que forjaron su inconfundible universo literario:

  • Una infancia marcada: Nació en Barcelona (1925) en una familia burguesa, conservadora y religiosa. Una grave enfermedad a los cuatro años la llevó a Mansilla de la Sierra (La Rioja), donde descubrió una naturaleza rural que marcaría su imaginación para siempre.
  • El trauma de la guerra: Tenía apenas diez años cuando estalló la Guerra Civil . El dolor, los bombardeos y la extrema pobreza de la posguerra robaron su infancia y se convirtieron en el eje central de sus historias, habitadas habitualmente por niños solitarios o incomprendidos.
  • Vocación e independencia: Empezó a escribir e ilustrar cuentos con solo cinco años. A los 17 escribió su primera novela, Pequeño Teatro (Premio Planeta 1954), iniciando una prolífica y muy premiada carrera que camuflaba una crítica soterrada al franquismo.
  • El "marido malo" y la pérdida: En 1952 se casó con el también escritor Ramón Eugenio Goicoechea . Tras años de deudas familiares y la pérdida de sus herramientas de trabajo por los excesos de él, decidió separarse en 1962. Para las leyes de la época, abandonar el domicilio familiar y poner fin a una relación matrimonial rozaba lo suicida pues no solo le impidieron divorciarse, sino que le arrebataron temporalmente la custodia de su hijo.
  • El silencio y el renacer: Tras recuperar la custodia de su hijo y dar clases en EE. UU., regresó a España y encontró la estabilidad junto a su segundo esposo, Julio Brocar. (Sin embargo, el dolor acumulado la sumió en una profunda depresión que la mantuvo años sin escribir. No fue hasta 1996, impulsada por su agente Carmen Balcells, cuando resurgió con la monumental Olvidado Rey Gudú, abriéndole las puertas de la RAE y llevándola a ganar el Premio Nacional de las Letras (2007) y el Premio Cervantes (2010) .

El proceso creativo: Cuatro caminos hacia la tragedia

Al analizar los posibles finales, todos los grupos coincidieron en un punto fundamental: no habría un final feliz. Una vez leídos todos los desenlaces descubrimos que la trayectoria de Matute y sus novelas ambientadas en la Guerra Civil española, como Los Abel o Luciérnagas, son desoladores y trágicos.

Siguiendo esa estela de dolor y secretos familiares, estas fueron las propuestas de cada grupo:

  • Grupo 1 (Secretos de sangre y fuego): Se descubre que Magdalena es la madre biológica de Yaco, fruto de un desliz de juventud del General con la criada; para ocultarlo, decidieron dejar al niño en la casa bajo el rol de sirviente. En el plano bélico, un ataque del bando nacional descubre al infiltrado Berni escondido en el desván y lo fusilan. El caos desata un incendio donde muere el Coronel, coincidiendo poéticamente con el nacimiento del hijo de Jovita.
  • Grupo 2 (Traumas del pasado): El Coronel arrastra un trauma infantil: mató a su hermano en un accidente doméstico, provocando que su madre lo culpara de por vida mientras idolatraba al fallecido. Al quedar la criada Magdalena embarazada (del Coronel), la matriarca decidió que se quedara en la casa sirviendo. El final es amargo: Berni es descubierto y muere, mientras que Yaco se entera del embarazo de Jovita y, a pesar de no ser el padre, decide casarse con ella.
  • Grupo 3 (La redención de Yaco): Aquí Yaco toma el protagonismo. Decide seguir al lado del Coronel pero logrando una vida mucho más libre, tras desvelarse que es hijo de la criada Magdalena. Por su parte, Berni marcha al frente de guerra donde encuentra la muerte. El toque de aceptación lo pone el farmacéutico, quien asume el embarazo de su hija Jovita para ver nacer a su nieto.
  • Grupo 4 (La eterna espera): Berni logra curarse de sus heridas en el desván gracias a los cuidados recibidos y marcha al frente junto a Yaco. Sin embargo, al pertenecer al bando perdedor, ninguno de los dos regresa jamás. Jovita da a luz a una niña a la que bautiza como Penélope, quien crecerá y pasará toda su vida esperando en vano que su padre, Berni, regrese algún día para conocerla.

En su discurso del Premio Cervantes, Ana Mª Matute afirmó:


  “La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas”

En nuestra última reunión comprobamos que su faro sigue encendido, guiándonos a nosotros también para perder el miedo a la página en blanco y seguir creando historias.

¡Gracias a todos los socios por hacer de esta una de las sesiones más especiales y creativas del año!