Hay novelas que atrapan por el misterio y otras
que permanecen en la memoria por sus personajes. El dios de los bosques,
de Liz Moore, consigue ambas cosas. Aunque se presenta como un thriller, pronto
descubrimos que estamos ante una obra mucho más ambiciosa: un retrato de las
relaciones familiares, del peso del pasado y de las desigualdades sociales,
todo ello envuelto en una atmósfera del bosque de los montes de
No es casualidad que la novela obtuviera el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de Misterio y Thriller de 2024, un premio concedido por votación de cientos de miles de lectores de todo el mundo. Más allá del reconocimiento popular, el galardón refleja algo que muchos críticos también señalaron: Liz Moore ha logrado ampliar los límites del thriller tradicional para acercarlo a la novela literaria.
La historia comienza en el verano de 1975, cuando
Barbara Van Laar, una adolescente de trece años, desaparece del campamento de
verano propiedad de su acomodada familia, en los bosques de los Adirondacks, al
norte del estado de Nueva York.
La desaparición provoca una enorme conmoción
porque no es la primera tragedia que golpea a los Van Laar. Años antes, el
hermano mayor de Barbara desapareció en circunstancias similares sin que jamás
se encontrara una explicación.
A partir de ese punto, la novela alterna
distintas voces y diferentes momentos temporales para reconstruir no solo qué
ocurrió, sino también cómo los secretos, las mentiras y los silencios han
condicionado durante años la vida de todos los personajes.
La naturaleza
como un personaje más
Uno de los mayores aciertos de Liz Moore es
convertir el bosque en un auténtico protagonista.
Los inmensos bosques de los Adirondacks
representan la belleza salvaje de la naturaleza, pero también el miedo, lo
desconocido y todo aquello que permanece oculto. El paisaje condiciona el
comportamiento de los personajes y envuelve toda la narración en una atmósfera
de tensión constante.
El bosque acaba funcionando como una metáfora de las propias familias: en la superficie todo parece ordenado, pero bajo ella permanecen enterrados secretos difíciles de afrontar.
Uno de los aspectos más interesantes de la novela
es su construcción.
Liz Moore utiliza una narración coral, alternando
numerosos puntos de vista y diferentes líneas temporales. Poco a poco, el
lector va ensamblando las piezas de un complejo rompecabezas.
Esta estructura exige cierta atención, ya que
aparecen muchos personajes y y una narración en dos tiempos, 1961 Y 1975. Sin embargo, lejos
de convertirse en un artificio, termina enriqueciendo la historia porque
permite comprender cómo un mismo acontecimiento puede vivirse de manera
completamente distinta según quién lo recuerde.
El suspense no nace únicamente de descubrir quién hizo qué, sino de entender por qué cada personaje actúa como lo hace.
Quizá la mayor virtud de la novela sea la
profundidad psicológica de sus personajes, dedicándole capítulos enteros a cada uno de ellos. Todos arrastran frustraciones, culpas y heridas.
Nadie es completamente inocente ni completamente
culpable. Todos arrastran heridas, culpas,
Especialmente interesantes resultan los
personajes femeninos, cuyas vidas reflejan las limitaciones impuestas por la
sociedad de los años setenta. A través de ellas, Moore explora temas como la
maternidad, la identidad, la independencia y el papel de la mujer dentro de
familias dominadas por estructuras patriarcales.
También sobresale el contraste entre la poderosa familia Van Laar y los trabajadores que dependen económicamente de ella, una diferencia social que atraviesa toda la novela.
Aunque Liz Moore ha explicado en algunas entrevistas que la experiencia de su familia con las adicciones ha influido profundamente en toda su obra, esa no fue la inspiración principal de El dios de los bosques. Para escribir esta historia confluyeron varias inspiraciones.
La primera fue profundamente personal. Moore pasó
muchos veranos de su infancia en los montes Adirondack, una región con la que
su familia mantiene una estrecha relación desde hace generaciones. Quería
capturar esa mezcla de belleza, aislamiento y amenaza que transmiten aquellos
inmensos bosques.
La segunda procede de un episodio real. Durante
los años setenta, los vecinos de esta zona vivieron con inquietud la presencia del
asesino Robert Garrow. Moore ha contado que escuchó hablar de aquel caso desde
niña y que ese miedo colectivo quedó grabado en su imaginación, inspirando
parte de la atmósfera de la novela.
Por último, la autora quería reflexionar sobre el privilegio económico y el poder. Frente a una familia adinerada que parece controlar todo cuanto la rodea, sitúa a quienes viven y trabajan realmente en el campamento, mostrando cómo las desigualdades sociales condicionan incluso la forma de descubrir a los culpables.
Entre sus mayores aciertos que hemos apuntado durante nuestra reunión del día pasado día 24 de junio destacan:
- Una
atmósfera extraordinariamente lograda, donde el bosque adquiere vida
propia.
- Una
construcción narrativa muy elaborada que mantiene el interés durante toda
la lectura.
- Personajes
complejos y psicológicamente creíbles.
- Una
inteligente reflexión sobre la culpa, el privilegio, la memoria y los
secretos familiares.
- Una escritura elegante que trasciende los códigos habituales del thriller.
- El ritmo resulta pausado durante buena parte de la primera mitad sin adentrarse de lleno en la trama.
- La abundancia de personajes y los frecuentes cambios temporales exigen una lectura atenta, especialmente en los primeros capítulos.
- Algunas revelaciones importantes se concentran en el tramo final, lo que nos dio la sensación de que ciertas explicaciones llegan demasiado deprisa tras una larga preparación.
Finalmente, dedujimos que el verdadero interés de la novela no reside en el misterio en sí, sino en las consecuencias emocionales que este provoca.
Esta novela premiada con el Goodreads Choice Award al Mejor Libro de
Misterio y Thriller de 2024 supone un reconocimiento especialmente
significativo porque son los propios lectores quienes eligen al ganador
mediante votación.
La novela se impuso gracias a su capacidad para
combinar el suspense con una gran calidad literaria, alejándose del thriller
convencional para ofrecer una historia donde importan tanto los personajes como
el misterio que los rodea.
No es únicamente una novela sobre una
desaparición. Es una reflexión sobre cómo las familias construyen sus propios
relatos, sobre las diferencias de clase, sobre el peso del pasado y sobre la
imposibilidad de esconder para siempre aquello que permanece enterrado.
Nuestra
valoración
El dios de los bosques confirma a
Liz Moore como una autora capaz de combinar la tensión narrativa del thriller
con la profundidad psicológica de la mejor ficción contemporánea.
Puede que no sea una novela de ritmo vertiginoso,
pero precisamente esa pausa permite desarrollar unos personajes memorables y
una atmósfera difícil de olvidar.
En definitiva, estamos ante una obra que
demuestra que el mejor suspense no consiste únicamente en descubrir quién
desapareció, sino en comprender qué secretos estaban esperando para salir a la
luz.
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| Liz Moore |





























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