Los días 1 y 2 de mayo el Club de lectura de Baena celebramos nuestra X Ruta Literaria, una experiencia que nos llevó a recorrer tres enclaves de la provincia de Huelva profundamente ligados a la literatura, la historia y el paisaje: Moguer, Riotinto y Niebla. Partimos de dos obras que han guiado esta aventura, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, y El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins, y a lo largo del camino fuimos descubriendo cómo la literatura puede convertirse en una forma de viajar al territorio que conforma el escenario de un libro.
Fueron dos jornadas intensas, llenas de aprendizaje, emociones compartidas y vivencias que, sin duda, quedarán en el recuerdo de quienes participamos. Para quienes no pudieron acompañarnos, este artículo quiere ser una ventana a lo que vimos, escuchamos y sentimos durante la ruta.
El interior del barco, con el camarote de Cristóbal Colón, puso el broche final a una visita que nos transportó directamente al corazón de uno de los momentos más decisivos de la historia universal.
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Nuestra impresión fue clara: Moguer funciona como un auténtico museo al aire libre. La localidad ofrece una exposición permanente de esculturas inspiradas en Platero y yo, que convierte el paseo por sus calles toda una experiencia literaria.
Fue una
experiencia muy especial, no solo por el valor patrimonial del tren, sino
también por la posibilidad de observar el entorno minero desde dentro, con
paradas estratégicas para conocer el ecosistema de la zona.
Pudimos ver y hasta tocar las aguas del río Tinto, un río que parece de otro planeta.
A lo largo de la historia ha
recibido distintos nombres, como Luxia, Iberus y Urium, y su color
característico se debe a la descomposición natural de minerales con sulfuros de
metales pesados. En este entorno los microorganismos son
capaces de oxidar y metabolizar esos componentes, lo que convierte al río en un
lugar de gran interés científico. La propia NASA ha estudiado en varias
ocasiones esta cuenca minera por su similitud con otros planetas, especialmente
Marte, ante la posibilidad de encontrar rastros de vida en ambientes parecidos.
Para terminar nuestra intensa jornada en Riotinto visitamos el Cerro Colorado, un mirador que no dejó indiferente a nadie.
La panorámica del paisaje minero, tan imponente como sobrecogedora, nos hizo comprender hasta qué punto este territorio ha sido modelado por la actividad humana y por siglos de explotación del subsuelo. En la actualidad, el Cerro Colorado se encuentra en proceso de reactivación minera y, según la información recogida en la visita, la actividad volvió a retomarse en 2015 tras la recuperación del precio del cobre por Atalaya Mining, empresa con capital de Australia, Canadá y Chipre. En la actualidad hay 2000 trabajadores activos.
Nos despedimos de Riotinto recordando también su importancia en la historia del fútbol en nuestro país. Fue en esta zona donde, en 1878, la Rio Tinto Company Limited creó el “Club Inglés”, del que nació el Rio Tinto Foot-Ball Club. Años después, en Huelva, surgiría el Huelva Recreation Club, fundado en 1889 por el doctor británico W. Alexander Mackay, el actual Recreativo de Huelva.
La jornada continuó por la tarde con la visita al pueblo onubense de Niebla, una localidad que nos recibió con la fuerza de su imponente muralla medieval.
Dos kilómetros de muralla de origen Almohade, es la fortaleza de tapial más grande de España defendida por más de 50 torres.
También el interior del templo es una auténtica joya arquitectónica donde se aprecia la fusión de culturas.
Este trono es el testimonio que demuestra que estábamos pisando lo que fue la primera catedral de la capital de Huelva.
Y para acabar esta intensa jornada exploramos el Castillo de los Guzmanes, levantado en el siglo XV sobre el antiguo alcázar árabe.
Y con el castillo de los Guzmanes decimos adiós a esta maravillosa ruta que nos ha llevado a una tierra llena de matices desde el azul del Atlántico, hasta la tierra roja que guarda la memoria del esfuerzo o a un pueblo blanco que se hizo poesía con la obra de su autor.
Para quienes no pudisteis acompañarnos, esperamos que estas líneas sirvan como una pequeña crónica de lo vivido y como invitación a sumarse a la próxima ruta.

























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