lunes, 26 de enero de 2026

LAS MEJORES LECTURAS DEL AÑO 2025: Un recorrido por diferentes géneros literarios


 

Cada año, el club de lectura se enfrenta al mismo desafío: elegir, leer, debatir y, finalmente, consensuar aquellas obras que han dejado una huella más profunda. En esta ocasión, el recorrido ha sido especialmente rico, no solo por la calidad literaria de las lecturas seleccionadas, sino también por la diversidad de géneros y estilos literarios. Desde el ensayo humanístico hasta la novela histórica, pasando por la novela gráfica y la narrativa contemporánea, estas seis obras han marcado el pulso lector del año.


1. El infinito en un junco — Irene Vallejo

Que un ensayo encabece la lista en un club acostumbrado a leer principalmente novela no es un dato menor: ha sido, sin duda, uno de los grandes retos lectores del año. Sin embargo, también ha sido una de las mayores sorpresas.

En El infinito en un junco, Irene Vallejo traza una apasionante historia del libro como objeto cultural, desde los rollos de papiro hasta nuestras bibliotecas actuales. Más que un ensayo académico, el texto se despliega como un relato coral lleno de episodios, personajes y anécdotas que conectan la Antigüedad con el presente.

La crítica ha destacado de forma unánime su extraordinaria capacidad divulgativa, su prosa elegante y su habilidad para borrar las fronteras entre ensayo, narración y memoria personal. Su repercusión ha sido notable: ha acercado el ensayo a lectores no habituales del género y se ha convertido en una obra de referencia sobre la historia de la lectura y la transmisión del conocimiento. Para el club, leerlo supuso salir de la zona de confort y confirmar que la literatura, incluso cuando es  un ensayo, puede ser profundamente emocionante.


2. El guerrero a la sombra del cerezo — David B. Gil

Esta novela histórica transporta al lector al Japón feudal, siguiendo el destino de varios personajes marcados por el honor, la venganza y la violencia. Con una estructura sólida y un ritmo envolvente, David B. Gil construye una narración épica que combina acción, reflexión moral y profundidad psicológica.

La crítica ha subrayado el rigor histórico, la atmósfera lograda y la madurez narrativa del autor, capaz de integrar elementos de la tradición samurái sin caer en el exotismo superficial. Su repercusión en la literatura española contemporánea es significativa: ha demostrado que la novela histórica puede explorar territorios culturales lejanos con ambición literaria y autenticidad, ampliando así los horizontes del género.


3. Persépolis — Marjane Satrapi

Persépolis es una autobiografía gráfica que narra la infancia y juventud de Marjane Satrapi en Irán durante la Revolución Islámica y el posterior exilio. A través de un dibujo aparentemente sencillo y un tono directo, la autora aborda temas como la identidad, la represión, la libertad y el desarraigo.

La crítica ha reconocido a Persépolis como una obra clave del cómic contemporáneo, capaz de convertir la experiencia personal en un relato universal. Su impacto ha sido enorme, tanto en el ámbito literario como en el cultural y educativo, consolidando la novela gráfica como un medio legítimo para tratar cuestiones históricas y políticas de gran complejidad.



4. La mala costumbre — Alana S. Portero

En cuarta posición se sitúa esta novela de fuerte carga autobiográfica, que explora la infancia y adolescencia de una niña trans en el Madrid de los años ochenta y noventa. La mala costumbre es un relato de formación caracterizado por la violencia social, la marginalidad y la búsqueda de un lugar propio.

La crítica ha elogiado su honestidad emocional, la potencia de su voz narrativa y su capacidad para convertir lo íntimo en una reflexión colectiva. La repercusión de la obra ha sido notable en el debate literario y social, consolidando una narrativa que da espacio a identidades históricamente silenciadas sin renunciar a la ambición literaria.


5. En tiempo de prodigios — Marta Rivera de la Cruz

Esta novela propone un delicado equilibrio entre lo cotidiano y lo extraordinario. A través de una historia marcada por los recuerdos, los vínculos familiares y los secretos del pasado, Marta Rivera de la Cruz construye una narración íntima que reflexiona sobre el paso del tiempo y la memoria.

La crítica ha destacado su prosa cuidada, su sensibilidad y su capacidad para emocionar sin excesos. Aunque más discreta en su impacto mediático, la obra ha sido valorada por su solidez literaria y por su contribución a una narrativa introspectiva que reivindica la emoción contenida y la observación minuciosa de la vida cotidiana.


6. La cuadratura del círculo — Álvaro Arbina

Cierra la lista esta novela que combina elementos históricos, filosóficos y narrativos en torno a la obsesión humana por alcanzar lo imposible. A través de una trama ambiciosa, la obra reflexiona sobre el conocimiento, la fe en el progreso y los límites de la razón.

La crítica ha señalado su originalidad estructural y su voluntad de ir más allá de los moldes tradicionales del género histórico. Su repercusión reside precisamente en esa apuesta por una narrativa exigente, que invita al lector a reflexionar de forma más profunda.


Conclusión

Estas seis obras no solo representan las mejores lecturas del año para el club, sino también un mapa de la literatura actual: híbrida, diversa y abierta al diálogo entre géneros. Desde el ensayo que se lee como una novela hasta la novela gráfica que se convierte en memoria histórica, el reto lector ha sido, en última instancia, una forma de ampliar la mirada y reafirmar la buena literatura sigue abriendo caminos inesperados entre el texto y quien lo lee.


sábado, 17 de enero de 2026

LA MALA COSTUMBRE LECTURA COMPARTIDA DEL MES DE DICIEMBRE


 

En nuestra última reunión del club de lectura abordamos La mala costumbre de Alana Portero: una novela que recorre la adolescencia de una niña que no encaja en el cuerpo que habita y que intenta comprenderse y hacerse un hueco en una sociedad un tanto hostil. El relato transita desde la infancia en una familia de clase obrera de San Blas —un barrio marcado por la heroína en los años ochenta— hasta las salidas clandestinas en el barrio de Chueca en el Madrid en los noventa.

Uno de los puntos fuertes de la novela es la buena ambientación que hace de Madrid durante los años 80 y 90 además del elenco de personajes que rodea a la protagonista.

La mala costumbre brilla especialmente cuando pone el foco en los personajes secundarios. El grupo de Las Moiras —Eugenia, Raquel “La Cartier”, Paula “La chinchilla”— funciona como una familia elegida, un espacio de protección y reconocimiento mutuo. Sus diálogos, profundos y cargados de experiencia, aportan una dimensión colectiva que equilibra el peso de la narración en primera persona.

La novela pone en el centro la experiencia trans en una generación marcada por el secretismo y la estigmatización. El grupo expresó preocupación por los elementos irreversibles de algunos tratamientos y nos preguntamos si el relato deja suficiente espacio para problematizar las consecuencias de determinados tratamientos hormonales que hoy se plantean a edades cada vez más tempranas. Tratamientos hormonales o bloqueadores que no siempre tienen vuelta atrás

Nos retrata con enorme sensibilidad el sufrimiento de una niña que no encuentra palabras ni referentes para entender lo que le ocurre. Esa falta de lenguaje benevolente —como señala la propia autora— es devastadora y está muy bien reflejada.

“ Las mujeres trans eran o bien objetos sexualizadísimos o directamente chistes. Y claro, a los niños no se les escapa nada. Todo el imaginario trans de mi generación parte de lo furtivo. De ocultarse, de la crueldad absoluta, de escuchar lo que no deberías estar escuchando. Te rompes por dentro porque no sabes lo que te pasa. Nadie te lo explica y nadie utiliza un lenguaje que puedas entender y sea benevolente, que es la palabra que más se echa en falta en esta experiencia “

Aunque la novela parte de vivencias cercanas a la autora, Portero reivindica el derecho a la ficción y a no leer la novela como una obra autobiográfica.

«Hay mimbres de mi vida, pero no es mi historia. Reivindico mi derecho a la ficción. Como mujer, como mujer trans, como persona LGTB. Esa necesidad de que toda nuestra literatura sea catalogada como confesional, como si todo fuera un gran drama personal, me parece injusta».

El título de la novela puede tener una doble interpretación   —por un lado, la “mala costumbre” individual de no atreverse a vivir la propia vida; por otro, la mala costumbre social: la normatividad que interpreta y oculta lo evidente. La protagonista deja pistas sobre quién es y cómo quiere ser vista, pero ese gesto choca con una sociedad que insiste en leer las apariencias según sus reglas.

La portada está diseñada por la poeta trans Roberta Marrero que ha elegido la imagen de la estampita de Santo Domingo Savio, alumno de San Juan Bosco, el niño que quería ser santo y que murió muy joven sin haber cumplido los quince años.

Esta narración no es solo la historia de una persona trans, sino también el retrato de una época y de una sociedad que durante años careció de lenguaje, referentes y empatía para entender determinadas realidades. Por eso la autora nos dice que esta novela está dedicada a “ una generación de mujeres que es, con diferencia, la más maltratada de la historia reciente de este país”, porque “conocer la historia de estas mujeres es probablemente lo más enriquecedor que le puede pasar a una vida, seas quien seas, vengas de donde vengas. La historia de este país no está completa sin ellas, la historia del feminismo no está completa sin ellas”




" Antes de definirte tú misma, los demás te dibujan los contornos con los prejuicios y sus violencias "